Cuentos del taller “cuentos y personajes” coordinado por sara montaño escobar

“El peso de mi corona” de Ari Duard (Ecuador)

Oscuridad, mucha oscuridad…Caminé sin rumbo alguno por este extraño lugar.  Por si se lo preguntan, me llamo Andrés y llevaba un par de horas recorriendo este sitio sin luz alguna y silencioso como una sombra. Recordaba todo lo vivido antes de llegar aquí. No tuve una vida de ensueño, pero yo me encargué de hacerla lo más horrible posible. Era un hombre detestable, frío y molesto. Seguí caminando hasta que llegué a un cálido lugar. Toda la oscuridad desapareció en cuestión de minutos. 

Varias veces escuché voces a mi alrededor, voces preocupadas y llenas de tristeza que mencionaban mi nombre una y otra vez. ¿Qué me pasaba?, ¿por qué a mí?, ¿en dónde estaba? Tantas preguntas, ninguna respuesta. Acompañado por el recuerdo de ella… una mujer tan hermosa y bondadosa que se preocupaba por todos y siempre quería lo mejor para las personas, pero nunca entendí su actitud. Me culpaba a diario por ser como era, cargaba el peso de una corona que jamás quise llevar… una corona llena de rencor, de tristeza y estrés…pero ya no importaba. Estaba en la fina línea que separa la vida de la muerte. Algo o alguien me esperaba ahí afuera. Tenía que averiguar qué hacía ahí. Tenía la esperanza de que todavía no me hubieran olvidado. Alguien se hizo presente en aquella oscuridad. Se trataba de alguien muy pequeño……un niño, y no cualquier niño… ¡era yo!… El yo de hace unos años. Estaba muy asustado y triste pero no entendía por qué mi yo de la infancia estaba ahí, conmigo. Pero me encargaría de abrigarlo y ayudarlo. 

Con el paso de los días lo único que me decía era esta frase: “Juraste no comportarte igual”. Al principio me parecieron palabras sin sentido, pero, poco a poco, fui encontrado el significado. Finalmente, pude entender la razón por la que estaba en tal estado, el porqué de mi actitud y mi carácter. Y era que desde niño no recibí el cariño y la atención que quería, pero prometí no ser igual, prometí ser lo contrario a lo que era hoy. Descubrí que ese era el propósito de este encuentro con el niño que fui… Tenía que aceptar que el camino que elegí fue totalmente diferente al que quería. Sabía que era eso lo que me mantenía aquí. Estaba agotado, por eso, ya no quería razonar más. No quería averiguar el final, después de todo, siempre me he ocupado de cosas sin importancia. Aunque no me sentía cómodo en este limbo, de nada me servía echarme la culpa por no cumplir mi promesa. Si seguía así nunca terminaría esta tortura. 

Sin duda, me recordarán como una persona desagradable. Quiero que todo esto se acabe, quiero dejar de preocuparme por cosas o asuntos de los que ya es muy tarde para arreglar. No tiene caso intentar.  De todos modos, me marcharé. Después de mucho tiempo tendré el descanso que he querido toda mi vida. Ya quiero que acabe este sueño; no para despertar sino para tener un descanso eterno….

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