Libro del día de la ninfa: “La soledad tras el ruido de fondo” de Alejandro López Pomares

La soledad tras el ruido de fondo de Alejandro López Pomares


Este poemario tiene tantos versos que quisiera resaltar, que me vi tentada, simplemente, a ponerlos uno debajo del otro en esta reseña. Sentí que mis palabras no eran necesarias porque los versos lo decían todo, y que solamente bastaría con copiarlos y pegarlos en este artículo, sin agregar más nada.

Tuve pensamientos encontrados ante esta idea, caminé entre la corrección, la tradición y la deconstrucción del mundo de las reseñas… pero finalmente decidí que voy a intercalar algunos versos entre mis párrafos. Por un lado, para que los lectores entiendan la belleza de la que estamos hablando. Por otro lado, porque serán como pequeños golpes entre los párrafos, para proseguir de alguna manera con el efecto que me generó el poemario.

Aquí están los primeros versos que quiero compartirles:




Este poemario nos encierra en un universo nuevo y atemporal: la noche, la luna, el otro lado de la cama, el suelo, la mirada, el silencio y el tiempo son elementos permanentes. En otras palabras, el lector entra desprevenidamente a un set cinematográfico en donde esos objetos que conforman la película son siempre los mismos, pero los sentimientos varían.

El lector queda atrapado desde el primer poema del libro “ODA” hasta el último título, “CODA”, sin pausas en la lectura. Cada nuevo poema implica cierta reiteración intencionada. Implica levantarse un nuevo día en un mismo cuarto.

El poemario entero encarna una melodía. Si extraemos cualquier pieza, la canción se rompe, “Será esa disonancia rota armonía perpetua”. Las palabras tienen un ritmo impecable y, por ende, terminan por hacer con la puntuación lo que se les antoja. La puntuación parece inútil en este escenario.    

Entre los versos también el tiempo avanza, y aun así todo parece quieto. La voz poética parecería hablar desde el mismo punto de partida, pero a la vez, desde múltiples lugares, “Salgo al balcón […]  y yo aquí/y todos vosotros”.

El efecto que logra este poemario, en cuanto a los climas, el tiempo y los ritmos, genera una consecuencia de perplejidad y emoción. Y esa emoción se transita en silencio (“ese terrible silencio animal”), desde nuestra lectura solitaria, que el autor y la voz poética parecen captar: “cerraré la puerta/para no dejar escapar el silencio”.

Mientras leo me sumerjo, poco a poco, en este terreno sin tiempo. Y este suelo que estoy pisando tiene retazos de sueños truncados, “sobre el suelo que pisamos/grita el cielo roto a pedazos”.  

En esta melodía hay momentos de sofoco entre el drama y la locura, entre el vértigo de estar al otro lado de la cama, pero el mismo autor propone fugas en los momentos perfectos. Esas fugas son como siestas entre noches sin dormir, como pequeñas muertes de la narración.

No hay lugar en estos versos para la mentira, pero tampoco para la verdad. Los poemas se elevan entre este torbellino de climas por sobre cualquier noción moral que se entrometa en esta base movediza de la búsqueda del ser.   

Cuando empecé a escribir esta reseña quise comenzar por el título, simplemente porque es muy atractivo, pero después de ir y venir entre letras (y seguir en el mismo sitio, al estilo karmático del poemario), decidí dejar la mención del título hacia el final.

“La soledad tras el ruido de fondo” mueve de la ecuación al “ruido de fondo”, y pone de sujeto a la soledad, aunque no como una simple representación del significado; es la soledad con todo el peso que eso implica.

Es la soledad sin la corporalidad. Es el pensamiento, la conciencia, la emoción. El ser sin sol, ni luna. El ser con el frío de la soledad y sin el ruido de la otredad.     

Extracto del poema “Fuga n 4”
de La soledad tras el ruido de fondo

Frío de soledad,
murmura más fuerte,
me acerco, la encuentro tapada mirada de anciana a sus
[manos perpetuas
La llamo reclamo su lento grito desesperado
la parca que nada entiende ante sus hermanas muertas
y su propio hilo
que yo le dejo
al fin
entre sus manos.

Alejandro López Pomares (Orihuela, España, 1983) es escritor, poeta, profesor e investigador. Licenciado en Antropología Social y Cultural y en Biología, gestor del patrimonio cultural, natural, artístico e histórico.
Autor de la novela La mirada perdida (editorial Celesta, España, 2017), del poemario La soledad tras el ruido de fondo (Ars Poetica, España, 2019) y de la obra de teatro La edad del sol (inédita).
Es editor y redactor en La Ninfa Eco.