María Belén Milla: “A estas alturas he tenido muchas idas y venidas en la literatura”

María Belén Milla, es una de las voces poéticas jóvenes con mayor relevancia en el ámbito literario en el Perú. Su último poemario, Amplitud del Mito (2018), traspasó el océano y se llegó a publicar en España en una edición especial de Liberoamérica.

Nos hemos encontrado pocas veces en diferentes eventos literarios y, en cada encuentro, ha causado en mí la misma impresión… “es un alma antigua”.  Ella, y su poesía en general, tiene el poder de transportar al lector a otros lugares, a otras épocas, a otras vidas… todas identificadas con luces y sombras, colores y aromas.

Los temas que aborda en sus escritos son recurrentes:  la muerte, la familia, la memoria, así como la relación y conexión entre los seres humanos.  Valiéndose de palabras que evocan la naturaleza, llega a conjugar sus versos con elegancia, inteligencia y naturalidad.

Considera el arte como “un espacio de resistencia.”, aunque también reconoce que “a veces el lenguaje es insuficiente”.

Como un idiota

Hay que ser testarudo
para ver el mar
sin echarse a temblar
aplastado enterrado con la sonrisa maltrecha
con grave espuma
de tanto verlo llegar

y partir
y despedirse falsamente
y volver como preguntando cuándo
cuándo
y uno ofreciendo la más creyente entraña
en largas muy lentas palabras
todo como perlas sobre un inexistente
y solo castillo
hay que ser testarudo
para haber visto el mar
y seguir hablando de poesía

de dios
del equilibrio
de ti continental de ti único mar
hay que ser testarudo
y exagerado
pero sobre todo
hay que creer creer creer
como un idiota

¿Miedo, respeto y esperanza? ¿Cuál es tu relación con la palabra ?

Es increíble. Acabas de resumir el vínculo que tengo con las palabras. Con la poesía. Es algo contradictorio. Nunca sé bien qué pensar, supongo. Creo que tiene que ver con que soy una persona muy voluble, me aburro rápido. No puedo estar tranquila con una sola idea por mucho tiempo. Hace dos años, cuando publiqué Amplitud del mito, tenía un concepto distinto de la poesía al que tengo ahora. Tenía otros “dioses”. Siempre estoy tratando de entender cuál es mi posición en todo esto. Las palabras a veces me parecen insuficientes. Es como si el lenguaje fuera una cáscara. Pero eso pasa cuando pienso demasiado las cosas. Quién sabe. Puede ser que la búsqueda de la palabra no importe mucho. Entonces aparece la esperanza. Es como cerrar los ojos. Y creemos como idiotas que todo esto tiene sentido, la poesía, el arte. Y si es así, el arte es un lugar para resistir, para quemar cosas, para reconstruir. Si no, no sirve para nada. Hay gente que va a decirme que el arte no necesariamente debe servir para algo. Y es verdad, en cierto modo también lo creo. Pero me gusta pensar que, si algún día necesitáramos que sirviera para algo, el arte va a estar ahí para nosotros. Supongo que mantengo esa esperanza.

¿Qué es la literatura para ti?  ¿Acaso tu pasión por ella te lleva a buscar el origen de la misma?

Ya a estas alturas puedes imaginar que he tenido muchas idas y venidas en la literatura. Empecé sin buscar mucho, simplemente me contentaba con leer y ser feliz. También tuve una etapa en la que hice trabajo de relojero. Trataba de entender los mecanismos de los escritores que me volaban la cabeza. Esos fueron mis años en la facultad de Literatura. Seguía un camino, un canon (el gran problema de las facultades de literatura). Pero tarde o temprano te emancipas. Si hablamos de poesía, últimamente recurro mucho a Cisneros, Hinostroza, Verástegui, Sylvia Plath. Corro el riesgo de sonar cliché, pero toda mi vida gira en torno a la literatura. No solo porque es la carrera que estudié, sino porque mi vida cotidiana está siempre sucediendo al lado de un libro. A estas alturas ya no sé qué otra cosa podría hacer.

Llegaste de España en el momento justo en que se anunciara la noticia de que el virus del SARS-CoV-2 había desencadenado una pandemia mundial, por lo visto tienes al destino de tu lado.

Sí, tuve mucha suerte de no haberme quedado atrapada en el ojo de la tormenta, tan lejos de casa. Fue casi cronometrado. El tiempo que estuve estudiando y viviendo en Madrid fue hermoso. Siempre es difícil ser el extranjero, es verdad, pero encontré a gente maravillosa en el camino que hizo que todo valiera la pena. Aprendí mucho. De eso se trata, ¿no? De crecer. Al volver, lo primero que hice fue abrazar a mi familia y a mi perro. Es curioso. Al final del día, la patria es la gente que amas. Estos son tiempos extraños, duros, de mucha incertidumbre. Creo que no habría podido lograrlo estando lejos de mi familia. Por eso me siento especialmente identificada con la gente que se quedó varada en distintas partes del mundo sin poder regresar a casa. Es duro estar solo. Y más cuando el mundo se cae a pedazos.

Ya no quiero hablar de la transparencia

Ni de la utilidad de los metales y la topografía
nací con los ojos demasiado abiertos
y por eso me escondo
cuando algo demasiado bello
aparece
tengo veintiséis años y he dado
veintiséis veces la vuelta alrededor
del sol
y novecientas veces cinco mil veces la vuelta
alrededor de mí
tengo veintiséis años y ningún
agujero
que me dé frío
ninguno
la vida se me acerca como un pajarito
y mi boca y mis ojos y toda mi espalda
llenas de alpiste y el mejor verano
no me mires así
te juro que tengo los pies en la tierra
pero estas cosas
la poesía el lenguaje que me cuesta
la estructura de la muerte y todos sus sótanos
me persiguen como niños gritones en Navidad
yo solo quiero vivir decentemente
desapercibida
que no me tomen en serio
si un día comparo
tu rostro
con una ventana abierta
al lado del abismo

Amplitud del Mito, tu último poemario con palabras propias. Sin embargo, la creación no es el creador. Qué me puedes decir de Amplitud del Mito Vs. María Belén Milla.

Le tengo mucho cariño a ese libro. En él hablo de cosas difíciles para mí. La muerte repentina de un amigo, por ejemplo. La muerte de mi abuela también está ahí. Hablar de cuestiones personales no es en absoluto un requisito para escribir un libro, pero en este caso hay mucho material autobiográfico. Es un libro bastante arraigado en mí. Pero creo que hay un vuelo que ocurre independientemente de estos eventos. Parto de ellos, sí, pero intento alejarlos todo lo posible de mí. De todas maneras, se me hace muy difícil establecer las fronteras del libro. Uno no puede alejarse de sí mismo. Después de todo, se escribe acerca de lo que se conoce, ¿no? Aunque no sea tan obvio a primera vista. Por eso me interesa mucho lo que me dicen las personas que lo leen. Ellos están afuera. Pueden ver mejor lo que está pasando.

¿Cuál es el mito? ¿De dónde viene? ¿Cuál es la historia detrás de la palabra?

Gracias por esta pregunta. Mucha gente cree, por el título, que se trata de un libro sobre mitología griega o algo por el estilo. Como si fuera una revisión de los mitos grecolatinos. Y no tiene nada que ver con eso. Todos tenemos historias que elevamos a la condición de mitos, que le otorgan sentido a quiénes somos. Historias que nos construyen. Mitos personales. Y como mitos, tienen una gran carga simbólica. Son historias en esencia falsas, que uno simplemente inventa o tergiversa a partir de los recuerdos. Estos mitos pueden ser el amor, la muerte, el lenguaje. El libro explora estos mitos cotidianos. De ahí la “amplitud”, los límites. Hasta dónde llegan estas historias que nos contamos, que creemos que son ciertas (para sanar, para resarcir). Al final, el mito siempre acaba por romperse. Se desmorona en casi todos los poemas. De eso trata el libro. De desmentir la memoria, mostrar sus costuras.

En Pompeya (mirando lo que nunca serás)

Todo lo que nos puede separar
ya nos separa
Pompeya
pero yo creo en tu sol que me golpea la nuca como si me odiara
Pompeya hay tanto que no sabes
en el metro por ejemplo
donde nadie me conoce
solo ahí donde nadie
me conoce
podría ser quince personas y todas
todas
tendrían el corazón donde no deben
y la misma prisa de los que van
equivocados por el mundo
pero yo también quiero bailar aquí Pompeya
como si la vida fuera un videoclip de rocanrol
como los muchachos que se besan y caminan riendo hacia la nada
ah
Pompeya
en realidad quisiera ser tú

y sin embargo me sigue preocupando llegar temprano
y la verdad es no quiero volver a fumar a tomar whisky
y mi vida tampoco es un videoclip de rocanrol
sobre todo eso

María Belén Milla Altabás (Perú, 1991)
Estudió Literatura Hispánica en la Pontificia Universidad Católica del Perú y es magíster en Estudios Medievales por la Universidad Complutense de Madrid. Es autora de los libros de poesía Archipiélago (Celacanto, 2016) y Amplitud del mito, publicado en Perú (Alastor Editores, 2018) y en España (Liberoamérica, 2019). Así mismo, es coautora del libro de cuentos Había una vez una peruana (Xilófono, 2018); editora de la antología de poesía Liberoamericanas: 140 poetas contemporáneas (Liberoamérica, 2018); y ha participado como traductora en la antología bilingüe de José Watanabe Todo cuerpo es tótem (Artepoética Press, 2019). En 2019 quedó finalista en el concurso internacional de poesía Adonáis (España) con su libro Nadie me escucha cuando hablo del sol, aún inédito.