Taco bajo: con calma y con tiza

“A mí me gusta jugar con mala gente. Es gente como uno.”

“El cuento de las comadrejas”

“Nunca juegues billar […] si te sientes derrotado por la existencia.”

Santiago Vizcaíno, Taco bajo

Portada de Taco Bajo- Archivo Diario La Hora

La historia del billar se remonta al antiguo Egipto. Se sabe que Cleopatra ya lo practicaba -en el siglo I a. C.-. La mesa, tal como es actualmente, fue ideada por Henri de Vigne, para comodidad de los jugadores en 1469.

En este juego, las leyes del cálculo, la física y la precisión son puestas a prueba, y ese es el elemento que Santiago Vizcaíno (Quito, 1982) toma para escribir Taco Bajo (La Caída, 2019).

“Si no es tu corazón en llamas el que cae en la tronera como la bola quince para apagarse silenciosamente, esto no es para ti.” Así, con esta oración, a manera del golpe que parte la pirámide de bolas en el centro de la mesa, se inicia la novela en la cual tenemos a Willy de regreso (el cual también es un personaje de la novela Complejo de la autoría de Vizcaíno), ya más maduro o viejo, dejando de lado sus pretensiones literarias.

Santiago en apenas una página logra ponernos en ambiente (como un buen director de cine), nos muestra a su personaje en un billar durante una partida reñida. Es imposible no sentir el aire caliente o ver el rubricar del humo del cigarrillo. Así como también es difícil no escuchar la música, los ecos (que los presentes dejan escapar mientras ven al posible ganador), el choque de las bolas (vemos su movimiento u efecto hasta caer en las tronadoras).

La prosa de Taco bajo es breve. Vizcaíno demuestra a través de su pluma lo buen jugador de billar que es. No se desespera. Deja que cada situación suceda, mientras él sólo da golpes certeros que dinamizan la narración; a través de Willy podemos acercarnos un poco a su forma de pensar. Se detiene, respira. Observa a su alrededor, y luego, ¡Tac! Una sola punzada y listo. Jugar billar es una actividad semejante a la de la escritura y eso lo tienen claro el personaje y el autor.

La muerte se esconde entre las páginas de la obra, el entierro del padre, el asesinato de una mujer y un amigo, un terremoto, la violencia: parajes en los que el lector sentirá que se le tensa el cuerpo. Si se supera esto nos encontramos ante la potencia y la luz que poseen tanto la narrativa como la poesía de Vizcaíno. Parafraseando a Dylan Thomas podría decirse que en esta obra la muerte recobró su dominio.

Taco Bajo nos muestra paisajes detallados (virtud del ojo del autor) pero, si bien el entorno se nos hace familiar, también nos descoloca, nos desplaza a una geografía diferente, la calle Quito, por ejemplo, nos lleva a recorrer cualquier calle de En este pueblo no hay ladrones.

Se puede ver a Willy dándole chanfle a la bola blanca y a esta recorrer la mesa, chocar en una esquina hasta rozar la bola destinada. Taco bajo es una novela que se puede leer de un tirón por la gran carga emotiva que posee o a tragos lentos siguiendo el dicho de los billares: con calma y con tiza.

Al final todos tenemos un pequeño Willy en nuestro interior, todos somos un cínico encantador.

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