En el nadir: Eduardo Espósito. Por Gerald Mac Burney

1. Henry Miller nos dice “la música es la escritura de los dioses en la pizarra”. Si tuvieras que elegir 7 canciones para un viaje: ¿Cuáles serían?

Desde el comienzo, de Emerson, Lake and Palmer

El gran baile en el cielo, de Pink Floyd. 

Escalera al cielo, de Led Zeppelin. 

Los libros de la buena memoria, de Invisible. 

Atrapados en el cielo, de Pastoral. 

Ah, te vi entre las luces, de La máquina de hacer pájaros. 

Te hechizo, de Creedence Clearwater Revival

Todas en un orden aleatorio. Claro que yo nombraría más…

2. Ese libro, ese film, ese cuadro…

Ciudad, de Clifford D. Simak  

Solaris, de Andréi Tarkovsky

Golconda, de René Magritte

3. Una herida, una tristeza infinita.

El fracaso de la civilización humana en su conjunto. Somos una usina generadora de dolor aún para el resto de los seres vivos.

4. Un recuerdo de niñez.

El aroma del rostro de mi padre recién rasurado, ese olor a crema de afeitar que se confundía con el del café con leche matinal.

5. ¿Qué te estremece?

Nuestra insignificancia en el universo. Esa “casi nada” que somos con sólo levantar la vista en una noche estrellada. El pensar en un Creador que a pesar de esto, nos considera. Bradbury decía en un poema que sólo el humano de entre toda la creación tenía el privilegio de escrutar el cielo. Ahí radica, creo yo, la consideración de Dios para con nosotros.

6. ¿Cómo habitar el vértigo?

Viviendo en clave de Poesía, considerando a esta y a la vida misma como “una única unidad”. Quizás sea una frase remanida, pero la culpa es de Rimbaud. 

7.  Ese momento de felicidad.

El momento en que te enamorás. 

8. El nacimiento de un poema. 

Incontrolable, por supuesto, como corresponde a la Poesía. Caso contrario, sentaditos, forzando la revelación, nacería la prosa, pero nunca un poema.

9. Un milagro.

Era joven, de veintitantos años, trabajaba de cobrador con mi bicicleta. En un descampado pude ver a unos niños con hondas, pateando algo. Me acerqué curioso, y, para mi dolor vi un gorrión tirado, parecía muerto. Lo puse entre mis manos y seguía quieto, me entristecí más aún. Le pedí al Dios en el que creo que no volvieran a lastimar a otros, recuerdo que lloré, y que de repente el gorrión se sacudió, aleteó y salió volando. Yo no lo resucité, pero fue un pequeño milagro…

10. ¿Alguna imagen que quieras agregar a ‘El Aleph’ de Jorge Luis Borges?

Borges es un grande, no de mis preferidos quizá, pero no me animaría a agregar ni una coma a sus escritos.

11.  ¿Un próximo proyecto?

Creo que las lecturas de literatura oriental, en especial el zen (que asocio intuitivamente con la Poesía), me han llevado a no “proyectar”, al menos en la forma estructurada y tradicional de la palabra. Sí, sigo desarrollando mi conocimiento poético, y como decía Giovanni Raboni, “cuando hay ganas, escribo”. Más adelante veremos si lo que sale es digno de un nuevo libro.

Eduardo Espósito (Buenos Aires, 1956) Poeta. Gestor Cultural. Ha publicado: El niño que jugaba a ser Rayo, 1992; Violín en bolsa, 1995; Una novia para King Kong, 2005; Quilombario, 2008; Las Puertas de Tannhäuser, 2011; Poesía Completa, 2018; Hartó, 2018.

Participó en varias antologías, destacándose entre ellas Poesía en el subte, 1999; Antes que venga Ella, 2003; Italiani d’ Altrove, 2010 y Nada de poesía, 2017. 

Su obra ha sido traducida parcialmente al inglés, italiano y bengalí.