“Mapurbe” (2009), de David Aniñir. Por Carlos Nuss

De vez en cuando aparecen autores con textos que nos vienen a sacudir la modorra intelectual-artistíca-perceptiva-álmica, y bienvenidos sean. En un principio, pueden llegar a parecer intrusos y generar alguna que otra polémica o controversia (como ocurrió con la generación beatnik). Pero a la larga nos dan un aire nuevo, un baño de realidad. Este fue (y es) el caso de David Aniñir y su poemario “Mapurbe“. Su poesía toma relevancia en estos críticos días de Chile.

De sangre mapuche, el poeta chileno da cuenta en su libro de las penurias y vivencias de los mapuches de ciudad (de ahí mapu-urbe), campesinado emigrado a las grandes metrópolis como Santiago, en un lento pero constante movimiento de población, que situó en las márgenes de las grandes urbes las llamadas villas de emergencia o guetos, ocupaciones espontáneas de tierra. Su poesía se cimenta allí, nace de allí.

Aniñir es hijo de hijos de aquellos mapuches que sufrieron la mal llamada “pacificación de la Araucania”, proceso que aún hoy sigue. Desde su presente y pasado escribe este poemario, obra que fue distribuida de mano en mano en fotocopias antes de ser publicada por una editorial. En su poética de lenguaje callejero mezcla palabras en mapuche, español e inglés, creando un híbrido no exento de ironía, que refuerza su origen pero también la heterogeneidad: no reniega de sus raíces pero tampoco las coloca en un lugar inmaculado, como así tampoco a su cultura. Su temática es contestataria, de denuncia de la cotidianidad mapuche, esa suerte de casta sin derecho a nada que hasta no hace mucho siquiera tenía la categoría de persona.

En sus “mapuchemas” (como él mismo les llama) abundan la intertextualidad y la construcción de palabras, que utiliza como herramientas estéticas al servicio de lo que él quiere significar; y lleva a un lugar del cuál el lector no queda indiferente, y hasta sorprendido, en una clara diferenciación estética de sus antecesores poetas mapuches (Elicura Chihuailaf, por citar un ejemplo).

MARIA JUANA, LA MAPUNKY DE LA PINTANA

Gastarás el dinero
del antiquísimo vinagre burgués
para recuperar lo que de él no es.
Volarás sobre la nube de plata
arrojarás bolas y lanzas de nieve
hacia sus grandes fogatas.
Eres tierra y barro
mapuche sangre roja como la del apuñalado
eres mapuche en F. M. (o sea, Fuera del Mundo)
eres la mapuche “girl” de marca no registrada
de la esquina fría y solitaria apegada a ese vicio,
tu piel oscura es la red de SuperHiperArchi venas
que bullen a borbotones sobre una venganza que condena.
Las mentiras acuchillaron los papeles
y se infectaron las heridas de la historia.
Un tibio viento de cementerio te refresca
mientras de la nube de plata estallan explosiones eléktricas
llueven indios en lanza
lluvia negra color venganza.
Oscura negrura of Mapulandia street
si, es triste no tener tierra
loca del barrio La Pintana
el imperio se apodera de tu cama
Mapuchita kumey kuri Malén
vomitas a la tifa que el paco Lucía
y al sistema que en el calabozo crucificó tu vida.
In the name of father
of the son
and the saint spirit
AMÈN
y no estás ni ahí con ÉL
Lolindia, un xenòfobico Paco de la
Santa Orden
engrilla tus pies para siempre
sin embargo,
tus pewmas conducen tus pasos disidentes.
Mapulinda, las estrellas de la tierra de arriba son tus liendres
los ríos, tu pelo negro de deltikas corrientes
kumey kuri Malèn
loca mapunky pos-tierra
entera chora y peluda
pelando cables pa` alterar la intoxicada neuro.
Mapurbe;
la libertad no vive en una estatua allá en Nueva York
la libertad vive en tu interior
circulando en chispa de sangre
y pisoteada por tus pies.
Amuley wixage anay
Mapunky kumey kuri Malén
LA AZCURRIA ES GRATIS.

Sus poemas son como un latigazo, no de autoflagelación, sino de una extraña especie de plegaria por justicia.

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