Libro del día de La Ninfa Eco: Un Parsifal, sinfonía textual

“Estaba yo en la oscuridad;
No podía ver mis palabras
Ni los deseos de mi corazón.
Entonces de pronto hubo una gran luz…”
Stephen Crane

“Todo espacio es demasiado apretado para mí.”
László Krasznahorkai

Si existiera un único calificativo con el que poderme referir a Un Parsifal de Luis Borja Corral (Quito, 1981), estoy seguro de que empezaría esta reseña con esa palabra. Caso contrario —este caso—, empiezo por darles el nombre de la obra y de su autor.

Mecánica Giratoria (2019) fue la editorial encargada de su publicación; reúne 23 textos publicados e inéditos —aquí el inicio de esta magia—, y cada texto brilla por su cuenta; cada uno de ellos con mayor intensidad que el anterior.

La escritura de Borja es sostenida, lúcida. El lector se encuentra ante un autormago desde la primera línea. Si la literatura tiene una función, ¿no es esta una de ellas? Es decir, si tomamos como punto de partida la definición de Parsifal dada por Wagner, un festival escénico de tres actos, veremos, entonces, que este libro también cumple con esa denominación. Su cuerpo se sustenta en la lectura, vivencia y escritura.

La apertura del libro nos lleva a 1969, donde seguimos los pasos del novelista norteamericano Rudolph Wurlitzer. Borja no solo maneja el lenguaje con agilidad, también el orden de los textos: le da estructura a su libro, monta su propio escenario. El tono de cada historia crea un ambiente musical disfrutable.

Es difícil soltar el libro una vez iniciada la aventura. Repito: Borja es un autormago porque escribe una historia que contiene muchas otras. Su creación actúa como una chistera, y el lector es libre de abrirla en cualquier parte, y encontrar su pedacito de oro.

El autor abre las puertas de su biblioteca personal, nos muestra, de manera clara, un amor inmensurable para con los libros. Por ello, los diálogos que entabla con cada autor y personaje (como Salinger, Bolaño, Beckett, Fresán y otros) me resultan entrañables, sinceros, extraños. Es que, como señala el poeta Juan José Rodinás, “Luis Borja Corral ha escrito un libro extraño”. Es un libro que contiene pensamientos propios, reflexiones que van desde el ensayo hasta el aforismo, un híbrido que juega con las emociones, que actúa como casa de los espejos donde podemos vernos desde múltiples perspectivas.

Como lo mencioné arriba, Un Parsifal tiene su trinidad: el autor actúa como padre e hijo. Es la obra como hijo, hecha a semejanza del padre, y aquella satisfacción que desciende sobre nosotros, semejante a una lengua de fuego que, luego de leerla, es el espíritu santo.

Wagner tenía razón —me repito por última vez—, Un Parsifal son tres actos escénicos, sacros. Borja toma esa estructura, y así nos regala su sinfonía textual. Nos lleva al Olimpo de su canon literario porque, digan lo que digan, cada lector crea su canon.

El autor camina a sus anchas y, tal vez, esa es una de sus ventajas. Camina en busca de un tiempo perdido, un tiempo encontrado en centenares de páginas leídas y escritas. Tras los pasos de un grial o de una manzana dorada, Borja entiende que caminar es un acto de resistencia y de conexión con uno y el mundo… al amparo de un fondo musical que va in crescendo.