Las cenizas de Gramsci (Le ceneri di Gramsci), de Pier Paolo Pasolini, 1957

“¿Me pedirás tú, muerto descarnado
que abandone esta desesperada
pasión de estar en el mundo?”



Pier Paolo Pasolini, el mártir de la libertad absoluta, como fue llamado, era un artista tiempo completo, de esos que no temen contradecirse. De lo que encontró en la vida hizo acto artístico, mostró su visión política y filosófica, en cual la libertad de ser era la punta de lanza contra la mal llamada “moral”.

En “Las cenizas de Gramsci”, establece un diálogo frente a la tumba del gran pensador y político italiano. Antonio Gramsci, fundador del Partido Comunista Italiano, fue encarcelado por el régimen facista y sufrió las penurias de la prisión (a causa de las cuales murió), donde pasó varios años escribiendo en cuadernos su pensamiento e ideario político. Era referencia ineludible para todo italiano de izquierda; también para Pasolini.

El poeta establece un debate ético del cual no está ausente el Pasolini deseante. Sugiere el desaliento sobre el presente, se lee a sí mismo parte de un sueño derrotado. Reconstruye su sentido propio y el significado de su sacrificio en una Italia sesgada por la moral católica y por el facismo. Su ideario de libertad no está muy lejos del pensador: a ambos les costó la vida.

Escribía Gramsci: “el gran intelectual debe zambullirse en la vida práctica, convertirse en un organizador de los aspectos prácticos de la cultura si quiere continuar dirigiendo, debe democratizarse, ser más actual; el hombre del Renacimiento ya no es posible en el mundo moderno cuando en la historia participan activa y directamente masas humanas siempre más diferentes”. Así vivió Pier Paolo Pasolini; contradictorio tal vez, pero consecuente hasta el final.

Canto 3

Un trapo rojo como aquel
enroscado en el cuello de los partisanos
y cerca de la tumba, sobre el terreno calcinado

diferentemente rojos, dos geranios.
Allí yaces, señalado con adusta elegancia
no católica, en el elenco de los extraños

muertos: Las cenizas de Gramsci…A la esperanza y a la vieja desconfianza te acerco,
caminante sin rumbo en esta flaca tierra, frente

a tu tumba, a tu espíritu apresado
acá entre estos liberados(O existe algo
diferente, quizás de mayor éxtasis

y también de mayor humildad, ebria simbiosis
adolescente de sexo y muerte…)
y desde este país en el que no tuvo descanso

tu alerta, percibo qué error
aquí en la quietud de las tumbas- junto
a qué razón -en el inquieto destino

nuestro- tuviste escribiendo las supremas
páginas en los días de tu asesinato.
Aquí para testimoniar el semen

aún no esparcido del antiguo dominio,
estos muertos aferrados a una posesión
que ahonda en los siglos su abominación

y su grandeza: y al mismo tiempo obsesión
esa vibración de yunques, sordamente
sofocada y profunda- del humillado

barrio-para verificar el fin.
Y heme aquí…pobre, vestido
con ropas que los pobres espían en las vidirieras

de chillón fulgor, y que han perdido
la suciedad de perdidas calles
de los bancos de tranvías que vuelven

confuso mi día: mientras siempre más raras
son estas vacaciones, en el tormento
de mantenerme vivo; y si me ocurre

de amar el mundo no es más que por un violento
e ingenuo amor sensual
así como, confundido adolescente, en una época

lo odié, si me hería el mal
burgués a mi burgués: y ahora, dividido
-contigo- objeto parece

de rencor y sí casi de místico
desprecio, la parte que tiene el poder?
sin embargo sin tu rigor, subsisto

porque no elijo. Vivo en la apatía
de la eclipsada postguerra: amando el mundo que odio- su miseria

despreciable y perdida- por un oscuro escándalo
de la conciencia…