Viaje al fin de la novela

“El lector no está sometido a aceptar la cara o la cruz de una novela.”

Leonardo Valencia “Moneda al aire”

Si damos un paseo por la plaza de San Francisco, al llegar al ingreso principal de la iglesia, hay que detenerse. Tomar unos minutos y disfrutar. A primera vista llama la atención el movimiento perpetuo de las calles, Quito parece no detenerse, fluye y fluye hasta punto incierto, de ida y vuelta. Da la impresión que, en algún momento, por algún motivo, personas y sucesos pueden ocurrir/coincidir. A nuestros pies, una escalera poco conocida nos observa. Para ver su forma en totalidad es necesario contemplar desde las alturas, ahí está, un círculo perfecto: La escalera original del arquitecto italiano Donato di Angelo di Pascuccio (1444-1514), más conocido como Bramante. ¿Cómo llegó el diseño de esta construcción a Quito? Lo desconozco.  Esa es otra historia.

***

A Leonardo Valencia (Guayaquil, 1969) le tomó ocho años escribir su última novela: La escalera de Bramante (Seix Barral, 2019). A partir del título es evidente el guiño a la historia. Valencia, toma la estructura arquitectónica y la vuelve símbolo, dando como resultado una obra completa/compleja que nos invita a desentrañar su trama.  

La novela goza de una estructura narrativa que permite múltiples miradas y lecturas (a manera de unas ruinas circulares). El autor emplea todos sus recursos técnicos, gracias a los cuales establece un puente entre lector y obra, permitiendo así un flujo constante (como la vida) entre acciones y personajes. Valencia no tiene miedo en juntar palabras, pues sabe trabajar cada historia de manera orgánica y seria, logrando así, una obra de múltiples significados. La novela es atravesada por varios tópicos: la cromática, el arte, la relación tácita de la vida y la muerte, la memoria, el tiempo y el poder/impacto que la época ejerce sobre los sujetos… quedando el lector atrapado en un viaje donde la rosa de los vientos se abre absorta.

Cada historia que conforma este libro se puede leer de manera individual, sin embargo, existe un hilo conductor constante: la condición humana. Podemos identificarnos con sus protagonistas (Landor, Abu, Raúl o Laura), acaso porque al igual que ellos también compartimos sus profundas crisis, pasiones, y vivencias.  

Valencia le rinde culto a la novela total, siguiendo a grandes exponentes del género como Dostoievski, Melville, Faulkner, Thomas Wolfe, García Márquez o Vargas Llosa. Una novela que es el reflejo, desarrollo y crisis de una época, en la que coexisten las dos fuentes del tiempo, la simultaneidad y la relatividad, amparadas claro, en la palabra. La escalera de Bramante traslada al lector a ciudades/espejo (Quito, Barcelona, Madrid, Berlín), cumpliendo con la atemporalidad de la obra. Leonardo nos regala una novela profunda, extenuante, meticulosa. Con un final que deja al lector como un náufrago al borde de la locura y el caos. Su autor es un digno heredero de Caronte, un viajero incansable.

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