Cuando fuimos punks

“Todo ha envejecido 
el delirio
es nuestro pastor”
Agustín Guambo,
Cuando fuimos punks

Agustín Guambo, ha vivido más que Jesucristo, a sus 34 años es Máster en Antropología por FLACSO-Ecuador y maestrante por la Universidad Andina Simón Bolívar (UASB) en Estudios de la Cultura mención Literatura Hispanoamericana. Dirige el proyecto anarkoeditorial Murcielagario Kartonera y del Festival Internacional de Poesía de Quito “Kaníbal Urbano”. Sus publicaciones son: POPEYE’s Sea (La Apacheta Cartonera, Lima 2014); Ceniza de Rinoceronte (La Caída, Buenos Aires, 2015); y Primavera Nuclear Andina (Ediciones A/terna, Buenos Aires, 2017), este año presenta Cuando fuimos punks (Kikuyo, Quito, 2019). 

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En 1999, Ecuador vivió una crisis que, aún hoy, cala en lo más profundo de nuestra memoria. Ese acontecimiento hizo que todo tiemble, se rompa, colapse: suicidios, crisis económica, paranoia, migración. Ecuador quedó en ruinas, como si una bomba atómica nos hubiera reventado el cuerpo dejando sólo la piel muerta.

En Cuando fuimos punks se siente el paso de los años. La voz poética de Agustín Guambo, se explaya a sus anchas. Es constante. Tiene fuerza. Atrás queda la adrenalina y locura adolecente. Y da paso a la laxitud, a la potencia de una voz que no por madurar deja de adolecer.

Al contrario, mide sus palabras con sutileza y astucia, como un boxeador experto o un gandalla de barrio que se sabe vencedor. Estos versos saben cómo, cuándo y dónde dar su golpe fulminante.

La poesía de Agustín es potente, no sólo se nutre de la historia, sino también de las voces que narran sus historias, recuerdos y promesas, sino también de la sangre que nos recorre a todos.

Entonces el tiempo, el hecho, el lugar, el paisaje, el sonido y la música se dejan ser porque, aunque no lo parezca, este poemario es un cúmulo de añoranzas, canciones y ritmos, en el cual el idealismo, la juventud y la figura de su madre juegan un papel importante.

Desde el blues, hasta el pasillo o el yaraví, hasta llegar al rock. Se podría decir que Agustín Guambo es un poeta musical, sus versos se pueden convertir en un estribillo de un grupo de punk, ska, hip-hop o incluso freestyles (improvisados).

Guambo es un dosificador (maña que se aprende con el tiempo) que nos desplaza. Su poesía no sólo intenta capturar el momento, sino que lo dota de emotividad. Porque escribir desde la ciudad páramo como es Quito o escribir desde cualquier rincón de este “país de la infancia, país del naufragio” le da la posibilidad de sentir el caos.

Su obra es una explosión nuclear tanto en primavera como en invierno. La nostalgia y el desasosiego se sienten en ”La Costa”, en un valle repleto de uvas sembradas o en la geometría de los pájaros que los niños miran paralizados.

Cuando fuimos punks es una mezcla de palabras y tiempo, potencias y sombras. Agustín Guambo no es un poeta menor (aunque él difiera), es un poeta que con el pasar del tiempo se añeja como los vinos.

Sus versos se potencian como los dioses nórdicos a quienes el tiempo fortalece o el Kikuyo que crece sin importar el terreno o el clima.

Es hora de ponerse los auriculares y escuchar a los ilegales o a cualquier banda que nos guste.

Agustin Guambo nos regala este poemario que es un oasis al cual siempre podemos volver, ya sea para rememorar los recuerdos o porque nunca dejaremos de ser punks.