Dossier de poemas de mujeres

El presente dossier ha sido elaborado por la colectiva de arte “Juntas somos resistencia” como manifestación artística y visibilización de algunas de las luchas a las que como mujeres nos enfrentamos diariamente. En él encontrarán un conjunto de poemas que expresan situaciones que vivenciamos como el amor romántico que nos ciega y nos hace entregar todo por el otro. Luego, la ruptura amorosa que se lleva parte de nosotras y nos hace perder noción de nuestra identidad, del amor propio que nos cuesta construir por los preceptos de una sociedad que nos dice cómo debemos actuar para ser amadas. Luego, cómo mediante el reconocimiento de nosotras mismas en las otras encontramos el amor propio. Quedan invitadas e invitados a leer…


“Señor La jaula se ha vuelto pájaro Qué haré con el miedo”
Alejandra Pizarnik

“No pienso en mi cuerpo como si fuera un bordado. Incluso la córnea y los residuos de orina se fueron. Los suicidas están listos para traicionar al cuerpo”
Anne Sexton

“A veces me pregunto
qué pudo haber pasado con mi vida
y cuando me perdí
en estos agujeros de la ausencia”
Violeta Luna

“Debí seguir tus consejos, no leer más a Kafka
ni frecuentar esos cafés que tú sí frecuentas
pero es tarde
hace frío y estoy sola”
María Emilia Cornejo


1° Acto: El amor es un lago en el que me hundo

Para amar dos cuerpos cruzan la sombra de la noche sin miedo…

Cuatro brazos, dos piernas entrelazadas… Una sola saliva baña el cuerpo. Tus manos en mi cabeza forman un infinito se destapan nuestras vendas, y se corren los velos. Los siete centros se alinean se unen y funden. Dos respiros consagrados, dos sexos unidos, el palpitar sincronizado. Un rito sagrado, el mismísimo infinito en la finitud de nuestros cuerpos.

Patricia Zapata


Soñar es flotar en la espesura de tu cuerpo

Me observo cayendo e inconscientemente tu cabello delinea mi cuerpo en una espiral que te succiona conmigo a ese paraíso bíblico. Morir debe ser como acabar tendida sobre el cuerpo del otro por mecer constelaciones con la gravedad de dos cuerpos sin el desagradable acto final de la apertura de los ojos. ¿Cuántas veces has muerto en el abrazo de mis extremidades deseando continuar ensimismado hacia el mundo desplomado y manso de mi anatomía? ¿El espejo sobre mi cabeza es el celaje tornasol por el que respiras cuando sueñas? Desde el claustro de mi sosiego, estoy buscando el encuentro con la penumbra, pero el entrecruce de tus manos de pajarera levitan mi yo interior a la ribera en la que juegan los niños después de llorar. ¿Acaso eres el río en el que me hundiré cuando tus manos me suelten? ¿Será por eso que bebo tu hermosura con la hambruna de una criatura desterrada del Edén? —To die by your side is such a heavenly way to die —escucho certezas replicadas en la radio por Morrissey— y toda la plaga que me habitaba es succionada desde adentro.

Sandy Vallejo


En este recorrido a solas, nuestras almas se encuentran

Alas ángel mariposa. Hada de Ciénegas, agua limpia. Buscarte mi propósito, si la muerte me lleva a ti…. Morir es opción. Quiero que mi cuerpo abrace la tierra, sus partículas en mi alma. Mudar mi piel como las orugas. Oscuridad perpetua no verte; se me olvida respirar. Te ocultas en mis letras, visión del pasado incomprensible, demente. Somos sangre de Urano juntos. Nos crearon, nos tejieron inseparables en el paso del tiempo.

Andrea Ochoa


2° Acto: Solo la muerte puede liberarnos

Todo era perfecto hasta que abrí los ojos y vi tu imagen, la verdadera…

He decidido dejarte erizado en un cubo de hielo navegando por la piel, dejarte en el olvido con los vellos encrespados. He decidido perder cada velero de los sueños amparados en mi cabeza. He decidido cortarte de mis venas, de mi alimento, de mi tentación, de leerte en mi recuerdo. He decidido dejar la minúscula palabra que recorre el eco de mi puerta —para eso la cerraré y le cerraré con llave— La llave será guardada en un lugar secreto, yo estaré demasiado ebria para recordarlo. He decidido olvidar el fuego, cada paso de baile, sobre todo bajarle el volumen de tu voz en mi cabeza. He decidido ser ave, con alas de mariposa con tres colores, negro para tu duelo, blanco para renacer rojo para sobrevivir. He decidido dejarte varado en la punta de mi lengua, para no pronunciarte, rompiéndose estará en la parte gruesa de mi pistilo. He decidido voltear mi cintura, posarme boca abajo, cambiarte de lado en mi corazón, tratar de saltar para que salgas de allí, para que te desvanezcas y te escurras, aunque sé que quedas en algún rincón por más que te corte en pequeños fragmentos. Así que voy hacia las llamas, hacia el frio, hacia el descarado tiempo y hacia esta hoja para olvidarte. A veces estar acompañado es lo mismo que estar solo, aunque se tenga un disfraz recorriendo la piel.

Brenda Torres


Pero insisto e insisto, aunque vea las heridas que escorian mi piel

Amor, te escribo sin razón, igual que siempre. Acaricio las muñecas de papel que hice con tus cartas imaginarias. Aquí todo es imaginario. Yo misma soy solo una mancha en la pared que tiene más una forma de perra que una mujer sin ovarios. Aún cabalgo tu recuerdo como si fuera una llama que arde debajo de una lata de porotos en donde mi abuela guardaba su dentadura postiza y un crucifijo con olor a carne cruda. Nada ha cambiado. La pared del fondo aún tiene la gota de sangre de nuestra primera vez y el piso sigue siendo un gato en estado de gestación eterna. Camino sobre fetos de animales y agradezco su compañía. La única compañía que me queda después de encontrarme dentro de mi locura. Sigo preguntándome porqué te fuiste. Nuestro amor era la conjugación perfecta entre infancia desastrosa y futuro imposible. Vivíamos el presente como un tumor que podía ser extirpado en cualquier momento en que la vida se cansara de exhalarnos desde una máquina eléctrica. Aquí todo huele a palomas podridas debajo de las tablas, a abejas cancerígenas adheridas al jabón de miel, a desamor pegado como recordatorio en la refrigeradora. Amor, las cosas tristes se mantienen para recordarte. Para decir que, pese a todo este suicidio premeditado de la belleza, hubo algo más trascendente que mi tráquea calcinada por palabras que solo existieron en el paraíso de la memoria. Amor, las cosas bellas se esconden detrás del horror de la vestimenta. Se disfrazan de inodoros llenos de soledad fecal, de pus que espera un beso que la santifique, de vómitos fluyendo del único vientre amado. Y yo te amo. Te amo con toda la bestialidad de las ratas que fornican en las tuberías, con la ansiedad de un preso que se frota en una pared que imagina como un miembro sudoroso. Te amo tanto que mi cuerpo es la cloaca en donde permanecen los residuos de esos seres que fuimos hace tanto tiempo. Amor, te escribo sin razón, igual que siempre. Soy una rata escondida dentro de tu ropa: Tu corazón es una trampa. Amor. Soy una cabeza de roedor que habla en tu boca: Sufres de delirio de persecución. La sombra de nuestro rostro te saluda desde el espejo. Me escribes esta carta, convencido, de que siempre fuiste yo…

Sara Montaño Escobar


Los días han pasado como pétalos que sucumben a nuestro frío

Es verano y las notas dibujan invierno. La piel permanece viva y la tierra se ha agrietado en vacíos negros. El retrato de la mañana se ha tinturado de lluvias. Contemplar el entreabierto de la puerta, voltear una y otra vez los dados y apostarle una vez más a la soledad. No hay vuelta atrás…no hay un final. Desde la última vez que las tablas dejaron de sentir las pisadas de tus suelas, hay un sonido desconsolado de las herraduras oxidadas por la ausencia. Allí fuera han brotado dientes de león para simular algún sol de alivio. Las ventanas se ven empañadas por los silencios que las paredes guardaron. Las cortinas se entrelazan para alentarse una vez más. Las notas detrás de la puerta ahora me saben a poema. Los restos del pan ahora son las migajas que han dado vida a las hormigas que me visitan constantemente. Una mesita cubierta por los restos de una veladora, la única esencia desecha por el tiempo y llena de colores que gota a gota me recuerdan a ti, el pequeño pasillo de la habitación vacila, las risas me hablan de los días en que te resistías a partir y ese ponchito que cubría tus piernas es el que baila con el susurro del viento. Ha llegado el otoño y mi clamor a triturado las hojas del suelo y esta vez, me he adelantado con las flores que me despiden de ti.

Fernanda Aguinsaca


Con temor, con dolor, poco a poco, me libero de tu recuerdo

Déjame. Suéltame. No quiero retroceder más ¿Por qué no hay salida? ¿Por qué se cayó el puente? Caen gotas por todos lados llenando la habitación de gris y yo quiero salir y respirar verde. No me toques más. No me hables más. No quiero que me repitas lo que ya sé. Me despido constantemente de mis sueños, de mis ideas las veo partir en un tren lejos. Dejándome sola en este gris sin luciérnagas, sin arcoíris. Frío espeso y fangoso gris que ya está subiendo hasta mi cuello que me impide respirar. Si me vas a carcomer que sea entera. Carcome mis pensamientos, mis recuerdos, mis oídos ¿Por qué puedo seguir escuchando como clavos en mi cabeza tus palabras? Déjame en silencio. Todo este dolor no me deja en paz. Quiero gritar para no escuchar más, pero mis labios están cosidos. Solo hay una cabeza mutilada flotando a la deriva. Una boca sin lengua, y unos ojos que gotean también llenando este espacio de más gris…

Ludgarda Negrete


3° Acto: El despertar: Juntas sanamos

Nos vimos en la otra y nos reconocimos en su historia

CANTO NUPCIAL

Me he casado
me he casado conmigo me he dado el sí
un sí que tardó años en llegar años de sufrimientos indecibles de llorar con la lluvia
de encerrarme en la pieza
porque yo -el gran amor de mi existencia- no me llamaba

no me escribía no me visitaba y a veces
cuando juntaba yo el coraje de llamarme para decirme: hola ¿estoy bien?
yo me hacía negar

llegué incluso a escribirme en una lista de clavos a los que no quería conectarme
porque daban la lata porque me perseguían porque me acorralaban porque me reventaban
al final ni disimulaba yo cuando yo me requería
me daba a entender finamente
que me tenía podrida

y una vez dejé de llamarme y dejé de llamarme
y pasó tanto tiempo que me extrañé entonces dije
¿cuánto hace que no me llamo? añares
debe de hacer añares
y me llamé y atendí yo y no podía creerlo porque aunque parezca mentira
no había cicatrizado
solo me había ido en sangre entonces me dije: hola ¿soy yo? soy yo, me dije, y añadí:
hace muchísimo que no sabemos nada yo de mí ni mí de yo
¿quiero venir a casa? sí, dije yo

y volvimos a encontrarnos con paz
yo me sentía bien junto conmigo igual que yo
que me sentía bien junto conmigo y así
de un día para el otro me casé y me casé
y estoy junta
y ni la muerte puede separarme

Susana Thenón

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