Un final para Benjamin Walter

“Para sentir un sitio como propio hay que haber entrado en él desde los cuatro puntos cardinales, e incluso haberlo abandonado en las mismas direcciones.”

WALTER BENJAMIN, DIARIO DE MOSCÚ

“para ´poseer´ una ciudad ciertamente, hay que llegar a ella  por todas partes.”

CÉSAR VALLEJO, RUSIA EN 1931

Esta no es una reseña tradicional, es más bien un texto de proximidades… sinérgico… un texto de encuentros.

En 1927 Walter Benjamin (1892-1940) recorría las calles de Moscú, siempre con la mirada atenta sobre alguna tienda de juguetes, libros o postales. En 1931 un poeta peruano hacía el mismo recorrido: se trataba de César Vallejo (1892-1938). Ignoro si ambos llegaron a leerse, pero me resulta curioso (aquí el primer encuentro) que ambos hayan escrito sobre el mismo lugar, llegando, si se quiere, a la misma ‘conclusión´.[1]


Vallejo murió en Paris. Dos años después, Benjamin se quita la vida en el poblado fronterizo de  Portbou. Aquí un segundo encuentro: estos autores mueren relativamente jóvenes. Vuelvo a preguntarme si ambos supieron, aunque sea de nombre, de la existencia del otro. Esa es una pregunta que no obtendrá respuesta —¿Esta claro?— Sin embargo, no hay que perder el hilo, pues la figura de Benjamin, Portbou y una amiga en común, son los puntos cardinales que posibilitan un nuevo encuentro: el mío con Álex Chico (Plasencia, 1980).

Ya aclaré que esta reseña es diferente, es una reseña de encuentros, los encuentros apelan a la memoria y la memoria implica un nexo con el tiempo y el suceso. Así pues, recuerdo leer una recomendación. Mi amiga en común señalaba el nombre de esta obra, Un final para Benjamin Walter publicado por la editorial española Candaya (2017). Aquella recomendación escondía, entre líneas, emoción, cierta capacidad de asombro. Cualidades que el mismo Benjamin consideraba vitales para que el aura se manifieste.


“Para descubrir el sentido de la vida de un ser humano deberíamos tener la certeza de que podemos asistir a su muerte”, con esta oración poética, incluso existencialista, Chico inicia el capítulo 2 de su novela, la misma que toma corporalidad a medida que el narrador empieza a desentrañar los misterios que se esconden en el paisaje y la memoria de Portbou.

Un final para Benjamin Walter es una obra coral, multiformica. Su riqueza radica en el uso medido, breve y preciso del lenguaje. Álex Chico juega con los límites de la ficción y la historia. Esto puede resultar complejo puesto que se tiene una idea o precepto sobre los hechos narrados.

Es liberador encontrarse con otro giro de tuerca que dinamice otra dimensión del acontecimiento. Porque recorrer, renovar/rescatar lo sucedido cuarenta años atrás, con el pensador alemán, implica un trabajo de investigación profundo, minucioso, un juego de caza donde el perseguidor se vuelve un infiltrado. Como el mismo narrador nos dice: “En ese lugar yo también era Hannah Arendt, Agustí Centelles o Alma Mahler. Y era, también, Walter Benjamin.”

El tiempo también tiene su carga, es una carretera de ida y vuelta. El pasado se da la mano con el presente y dibuja un retrato del personaje a futuro. Esta novela cumple con la consigna de «El ángel de la historia», los fragmentos brillan con luz propia porque en ellos se encuentra la esencia de la trama.

Leer la novela de Chico implica un compromiso, un acuerdo tácito entre autor, obra y lector. Un final para Benjamin Walter es una novela de encuentros, repito, como este texto.

El paisaje y la geografía dotan a la obra de mística y encanto. Ya lo decía Ítalo Calvino, sino se escribe sobre los lugares, estos desaparecen, el lector/perseguidor sigue los pasos del narrador que persigue la sombra del “Judío rojo”, a manera del juego atrápame si puedes.

Mito, Historia, personaje y geografía se dan la mano de manera armónica. No conozco Portbou, pero al leer esta historia siento que he vivido en ese lugar de paso. Compartimos el mismo destino de Benjamin, escapamos de otros o de nosotros. Hasta llegar a un final que bien puede ser la muerte o el punto final de la obra.

Quedan abiertas las preguntas: “¿Quién seguirá nuestros pasos? ¿Quién nos dará un final?”


[1] Ambos escribieron sobre el Kremlin y como llegar a él.

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