Libros del día de La Ninfa: “Cadenas de silicio” y “El único destino posible”

Por distintas vías llegaron a mis manos dos libros. Por un lado, Cadenas de silicio de la poeta mexicana Daniela Rey Serrata, y, por otro lado, El único destino posible de Sara Montaño Escobar (Ecuador). 

Decidí unificar los libros en la misma reseña porque encontré similitudes entre ambas autoras, sus libros y sus estilos. Ambas escritoras son de Latinoamérica, tienen edades similares y ambas exploran la naturaleza de las relaciones humanas y de la identidad. Los versos son apasionados, atravesados por el fuego de la agonía, la violencia, el género, el amor y el sujeto.

Muerde mi piel, niña
Muerde para probar la carne que nos ata
Extracto del poema “I-a” de Daniela Rey Serrata

En ambos libros parecería que se ponen en jaque los estereotipos de los roles y funciones socialmente esperadas para una mujer. Así, la inocencia de una niña, no es más que pulsión y violencia: “Y miro tu inocencia, miro cómo muerde” (I-a, Cadenas de silicio); “El descubrirme niña / y llorar porque no sería nunca el consentido de mi abuelo” (II-b, Cadenas de silicio).

Y a la figura de la mujer no le falta acción en esta ecuación de la voz poética: “para qué ser amor en este cuarto / si todo está destinado al desastre” y, más adelante, “sé que si extiendo las manos / es para llenarlas / de mentiras que me salven” (p. 2-4, El único destino posible).

Y nosotros, como dos animales sin
nombre, buscábamos un pedazo de nada
para alimentarnos de nuestra miseria.
Extracto de El único destino posible (pág. 2) de Sara Montaño Escobar

Mientras la voz poética de Cadenas de Silicio es una permanente resistencia a ser y crecer como la sociedad lo espera de la figura de una niña que deviene mujer: “la piedra volcánica que se rehúsa a ser diamante” y “Código de barras en mi cruz de trenzas” (poema J-IV), en El único destino posible hay una resistencia a ser la mujer dolorida y engañada que acompaña pasivamente a su Don Juan:

Y yo, yo mi buen amor,
me deshago en la epifanía de haber sido
una mujer mala
de haber abierto la costura de tu trauma
de haber provocado en ti el puño y la
melancolía
el odio y la ruina
para convencerme de que soy yo la que ha
elegido esta muerte.
(p. 15)

En ambos libros las voces poéticas crecen y se desarrollan, pero rozan la muerte permanentemente en ese mientras tanto. La muerte está presente en ambos libros. Es una posibilidad, una curva que se ve al final de un camino entre esa niebla del vivir:

Respiramos los cuerpos yertos aferrándose a la vida,
esta muerte que en cada abrazo nos despoja de a poco
(Cadenas de Silicio, poema a-8)


Para decir que si estamos vivos es por algo.
No solo para la poesía.
No solo para aferrarnos a ella
como un apego morboso
e insustancial.
Esta necrosis cotidiana.
(El único destino posible, p. 5)

No todo es similitudes porque en su totalidad Cadenas de Silicio termina siendo un libro más analitico del contexto y más enfadado con el ‘sistema opresor’, mientras que El único destino posible parece un mundo regido por los pensamientos internos que estructuran la trama de un poemario que está a un paso de convertirse en novela.

Como si fueran una película, estos libros tienen su “giro”. Por un lado, el libro Cadenas de Silicio nos hace creer que es una especie de híbrido entre poemario y diario íntimo, y sin embargo, caemos con el correr de la lectura en que en esencia, termina siendo un análisis social e individual, y una crítica al sistema desde la disconformidad de la adultez que se refleja en la niñez.

Por otro lado en El único destino posible el giro se da cuando nos damos cuenta de que fuimos mal guiados por el prejuicio de pensar que el último destino posible tendría que ver con la historia de amor:

En silencio, terriblemente iluminada por la soledad
soy la mujer que escribe esta historia
y sabe que es su deseo repetirla
con otro hombre
hasta llegar al único destino posible.
(p. 18)

Es hacia el final de ambos libros que nos cae la manzana en la cabeza. Especialmente en El único destino posible que tiene un giro brutal mientras que en Cadenas de Silicio esto pasa con una mayor graduación.

Hacia el final, cuando todo termina y desaparecen las palabras, tenemos más herramientas para entender la esencia. Así, podemos comprender el título de Cadenas de Silicio recién cuando cerramos el libro: el silicio se destaca su capacidad para tolerar el desgaste y la corrosión de la misma manera que lo logra la voz poética en este poemario.

Por otro lado, asumimos durante la lectura apasionada de El único destino posible que el ese destino es un hombre o es el final de la relación, sin embargo, la voz poética encuentra, en este fluir aventuraro de los versos, que el destino no es un otro, sino uno mismo.