La literatura en tiempos de colapso

Microrrelatos seleccionados

Agradecimientos especiales:

Presentador invitado: David Lee Morgan – poet
Idea, traducción y realización del video: Gaby Sambuccetti
Idea y coordinación de la convocatoria: Alejandro López
Realización y producción de la convocatoria: Carlos NussGisella BallabeniMarcelo Cruz, Gabriela Guerra Rey, Alejandro López y Gaby Sambuccetti
Producción: La Ninfa Eco Magazine & Podcast (laninfaeco.com)

Finalistas de la convocatoria de microrrelatos “La cruda brevedad. Literatura en tiempos de colapso”.

Les presentamos los microrrelatos seleccionados y agradecemos a todos los participantes de la convocatoria. El nivel general fue excepcional.

1) "Pecera" de Paula Yeyati Preiss (Argentina)

Las noticias de afuera que escuchamos los primeros días nos angustiaron. Fuiste vos el que propuso apagar los celulares y guardarlos. 

Al principio nos sentíamos extraños, como si nos hubieran amputado un brazo, pero nos apoyamos el uno en el otro y soportamos esa pérdida.

Yo era la única que salía al exterior. Ya habían pasado varios días desde el anuncio cuando finalmente me enteré, yendo al almacén. Escuché a dos señoras charlando muy cerca la una de la otra sin bolsas, ni barbijos, ni perro. Hablaban sobre sus nietos, sobre el alivio que había sido ir a verlos. Observé la calle, convulsionada de gente.

Volví a casa corriendo.
—¿Algo nuevo en el mundo apocalíptico de hoy?
—El almacén estaba cerrado. Pruebo de nuevo mañana —te dije.
Me resultó muy fácil mentirte.

2) "Cuarentena de los pobres" de Nilton Maa Lavado (Perú)

Mis vecinos confunden la tos de mis hijos con esta nueva plaga que nos acecha. "No es el covid" les digo, pero no me creen y cierran sus ventanas. A nadie le importa la tos del hambre. La pobreza es una enfermedad mucho más letal y a nadie envían a cuarentena a causa de ella. También tengo hambre, pero no me dejan salir. No he cerrado los ojos recordando el sonido de esos estómagos pequeños. Ya no tengo más plata en el hueco de la pared. En un par de horas llegará la mañana, si tengo suerte podré vender algo. Ya no me importa si me contagio. La gente siempre juzga. "Irresponsable", dirán; "pobres niños", dirán. Pero los pobres siempre morimos primero.

3) "Exceso de noticias" de Karla Armas (Ecuador)

Día y noche esa televisión pasaba prendida. No importaba el dolor de cabeza o la desconexión que tenía con ella. Nunca se apagó. Intenté desconectarla. No funcionó. La pantalla se mostraba obscena ante mí. Entre el miedo de que me haya vuelto loco y el entender que ella necesitaba que la viera pasaron 3 días. Luego solo me dediqué a limpiarla, mirarla todo lo que podía. Las noticias parecían empezar a hablarme. Si yo pensaba en salir, me contaba de los contagios extraños de Hong Kong. Si me ponía triste, empezaba inmediatamente una noticia sobre las bondades de una anciana en Luisiana que atiende a animales en medio del campo. Me enamoré sin darme cuenta. Fue una cuestión de tiempo que ella me pidiera los ojos como ofrenda. No dolió sacármelos, pero no logro cicatrizar del todo el izquierdo, como verá, doctor. Por eso he venido.   

4) "Scroll" de Juan Matías Tarruela (Argentina)

La historia de lo pequeño se vuelve un imperio: el devenir de un grillo en una planta, un rugido lejano, una grieta nueva en el revoque o una flor amarilla surgida de una pequeña planta que nunca antes había florecido; atrevida y oportuna. Mover un mueble de lugar es un evento; pisar al grillo, un magnicidio. Irrumpimos así el espiral del encierro, ese loop infinito y monocorde en donde todo - la risa, el llanto, la tragedia y el espanto - adquieren textura de pantalla. No sabemos si es lunes o sábado, tenemos que pensar. El tiempo ocupa otro lugar, la narración lineal se vuelve confusa. Tanatos y Eros atrofiados por el tik-tak/tik-tok del teclado que suena a reloj. Un reloj derretido que no avanza ni retrocede. El futuro tiembla: scrollearemos nuestra suerte.  


5) "Amor" de Dallan Ruiz Prada (Colombia)

¡Bésame con locura! Le suplicó la hermosa princesa. Y el sapo por temor a contagiarse, prefirió ser sapo por siempre. 

6) "Peseta y Baco" de Lluïsa Lladó (España)

Nunca salíamos, cualquier excusa era buena para no sociabilizar, porque vivíamos con la santidad del ahorro y si le recriminaba su tacañería acabábamos como el rosario de la aurora, al no coincidir en el término de lo que suponía fortaleza o rancidez. 

La verdad, éramos polos opuestos, ya que las marcas blancas nunca entraban en mi despensa y usaba perfume para ambientar la casa. 

Cuando decretaron el estado de alarma temí un recorte de Pedro (que así se llama mi pareja) con esa metodología que estoicamente yo, Pablo, asumía al estar casado con un rácano.  

Pero, en aquel trance, Pedro confesó que deberíamos haber disfrutado más de la vida y besándome prometió que cuando la pandemia de los cataplines terminara, iríamos a París a comer cruasanes; a cambio, agradecí su previsión y comprendí que era una falsa promesa, porque lo suyo era una cojera económica de nacimiento.

7) "Sala de recuperación" de Edmundo Cordero (México)

Todos pensaron que Cecilia lloraba de felicidad al ver que aquel llegaba a visitarla, pero en realidad Cecilia lloraba por la impotencia de no poder romperle las piernas al imbécil que, hacía meses, la había engañado con otra por tener aquella enfermedad. 

8) "Febrero 2020" de Diego Palacios Marxuach (España)

Un día más. Van cincuenta. El sol embiste cabronamente contra mi almohada. Me levanto. La pereza no debe derrotarme. Un mes sin cobertura, y radio y televisor inutilizados desde la tempestad. El tiempo muere más lentamente y ansío volver a los brazos de mi mujer. ¿Cuándo? Cumplo escrupulosamente la rutina autoimpuesta desde que llegué: desayuno, limpieza, ejercicio, comprobaciones de rigor, comida, lectura,… borrachera…  Cualquier cosa para no enloquecer; mantenerme en forma y no caer en la desidia y la gula. Incluso raciono los víveres. Cuando me aventuro a dar un paseo, el viento me escupe retazos de mar.

Y siempre soledad a mi alrededor. Soledad sin saber si el mundo sigue girando. Y más soledad... Hasta Tom Hanks tenía un Wilson… ¿Cuándo llegará el relevo que me exilie del forzoso confinamiento de este anticuado faro?  

Y así transcurre un día más, otro día menos. ¿Alguien viene? Prepararé la escopeta.

9) "Señales de humo" de Mario Flores (Argentina)

No nos conocíamos, hasta que el encierro nos obligó a prestarnos atención: salías a tu balcón a recibir el sol. Yo hacía lo mismo por mi lado en el edificio de enfrente, regando las plantas que me hacían compañía. Una tarde coincidimos y nos saludamos tímidamente a lo lejos: como diciendo “Ey, otro humano luchando su propia soledad”. No disponíamos de redes invisibles que nos permitieran una visita fugaz, así que jugamos con fuego: nos enviábamos señales de humo con formas de animales. Me regalabas aves que se desvanecían en el viento, y yo te mandaba gatos que trepaban hasta tu departamento. Un día, me llegó un pulpo que me abrazó a ocho brazos, y después no te vi más. Pensé que habrías elegido encerrarte para siempre. O quizás, mi última señal con la forma de un jaguar hambriento, te había saltado al cuello.

10) "Aprendizaje" de María Gabriela Cárdenas Monge (Ecuador)

Mientras los niños jugaban nos miramos en silencio al escuchar aquel sonido extraño. Era el aleteo proveniente de unas mariposas azules volando en trayectoria constante del árbol a la banca, luego al columpio y de regreso a la vida. Parecía que aprendían de nuevo a volar, mientras nosotros aprendíamos de nuevo a observar.

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