PDF: Piratear derechos fácilmente

Este debate me parece que se termina cuando entendemos que, más allá de nuestra postura, los PDFs se consumen. No conozco a absolutamente nadie que compre originales todo el tiempo: libros, discos, películas. Todos alguna vez pecaron con una copia no original. 

De todas formas, no vamos a tener vacaciones, aguinaldo, estar en blanco y ganar un salario estable mensual a través de la venta de un PDF. Nuestro problema económico estructural no se va a resolver por una venta de una descarga de un libro en formato  electrónico. Es decir, nuestra realidad no se modifica a gran escala por este debate.

Incluso cuando se compra un libro en una librería y nos dan un ticket de esa transacción, nadie asegura que ese dinero le llegue al escritor. Puedo nombrar un millón de libros que compré que se escapan de esa lógica de ciudadano correcto y derecho, además de mi propia experiencia como escritora. Y no solo una transacción, sino que varias transacciones se pierden en el hermoso camino de rosas del autor, sin contar el dinero que perdemos nosotros mismos para poder seguir hacia adelante en el camino del arte. 

Me atrevo a decir que no solo los PDF pueden significar, en mi realidad paralela, piratear derechos frecuentemente, sino que los escritores estamos más que acostumbrados, y hasta tenemos totalmente naturalizado, que nos pirateen los derechos en nuestras vidas. Ya hace años Orwell decía que a los escritores el dinero no les interesa: un don y una desgracia. Hace años, siglos, que los escritores la pasamos mal económicamente hablando. 

El hecho de que nuestros lectores no nos paguen un libro, no es una situación ideal, pero es un punto en un mapa mucho más grande y complejo. Y la realidad de los lectores tampoco se escapa de las lógicas capitalistas y neoliberales. Cuando vemos un empresario bajarse de un BMW para llegar a su casa, destapar una botella de Chambolle-Musigny, mientras se acomoda en su sofá de cuero y roble, para así pasar a descargarse un PDF de un libro que escribimos sin recibir nuestra parte de la torta, seguramente nos desestabilice emocionalmente esa situación. Pero esto cambia cuando, en lugar de un empresario, es una escuela en un suburbio sin agua en el que un PDF cambia, quizás no la realidad económica, pero la realidad anímica, social y cultural de todos. Un PDF bien colocado puede hacer toda la diferencia en determinado contexto. Y el lector que consume nuestro trabajo es siempre un amigo. El hecho de que nos lean siempre es bueno. Es promoción y publicidad que juega a nuestro favor. No es por nada que la gente hace literalmente cualquier cosa por salir en medios para promocionarse y ganar lectores. 

Un PDF puede ser tan bueno como malo dependiendo del contexto. Defender el escaso capital privado a capa y espada me trae flashbacks de situaciones raras y me hace un ruido que no me agrada. Principalmente porque el capital de los libros no suele ir a los escritores el 100% de las veces. Casi siempre se pierde en el camino editorial y otros. Es mucho peor y dañino en nuestras vidas creer que escribir es pura inspiración que no requiere horas de esfuerzo y que no es tan válido como pasar horas haciendo cuentas. Para la sociedad, contar cuentos no vale lo mismo que contar números.

Como escritora me duele profundamente que la sociedad no valore nuestro trabajo. Me duele que toda la energía invertida en el mundo literario para varios valga tan poco. Incluso que valga más lo que otros académicos o periodistas digan sobre nuestros libros, a los cuales les pagan para analizarlos, que lo que nosotros mismos decimos de nuestros libros. Incluso vale más la encuadernación, la ilustración, la edición y cualquier cosa relacionada con el libro, antes que nuestro trabajo. Los autores parecemos fantasmas vulnerados en cuestiones de finanzas.

La invisibilización de la realidad económica de los escritores me hace pensar que hay un debate que nadie está teniendo en cuenta y que puede tener un impacto en nuestras vidas. La sociedad da por hecho que el trabajo del escritor es pura “inspiración” que no merece recompensa financiera alguna, ni tampoco necesita el mínimo análisis, porque es puro goce. Y los escritores parecemos animales yendo al matadero, sabiendo que cualquier monto que nos paguen por escribir, si es que nos pagan, no va a alcanzar para absolutamente nada. En el hipotético caso de que tengamos mucha suerte y ganemos mucho dinero por la venta de nuestros libros, esa ganancia no va a durar para siempre tampoco.  

Imaginemos una realidad en la que haya escritores escribiendo por un sueldo anual en blanco. Escritores estables económicamente, disfrutando la vida como un ingeniero o un asistente de recursos humanos. Es una herida sangrante saber que eso es un sueño inalcanzable. Es posible, pero no va a pasar.

Ahora imagínense un mundo en el que los escritores dejan de escribir un día entero: no más noticias, no más cuentos, poemas, series, blogs. Nos levantamos, miramos las noticias y están en blanco con carteles publicitarios sin letras. Vemos una serie y no hay guiones. Prendemos la TV y solo hay modelos desfilando. Vamos a nuestro blog favorito, pero dice: “lo sentimos la página solicitada no se encuentra”. Tomamos un libro y vemos las hojas en blanco. Descargamos un PDF y está vacío. Supongo que esto no parece tan extremo, podemos pasar varios días sin escritores, como podemos pasar unos días sin agua. Pero ¿cuánto tiempo podemos pasar? Que sea tan obvia la respuesta me hace pensar que los escritores venimos perdiendo mucho tiempo discutiendo detalles y poco tiempo yendo al hueso. 

Me gustaría un día vivir una realidad en la que los escritores ganamos un sueldo como pasa en otras profesiones. Es una realidad indiscutible que un futbolista de alto rango gane millones de dólares, como es una realidad indiscutible que un artista no tenga sueldo fijo. Ambas realidades son extrañas si se piensan con detenimiento. Mi sueño es que llegue un día en el que no estemos discutiendo por unos centavos, sino por una calidad de vida mejor y por más espacios en los que poder presentarnos y mostrar nuestros trabajos. Y que esos trabajos sean llamados por su nombre. 

También quisiera que algún día esto no sea un texto utópico y naïve, como probablemente y rápidamente sea etiquetado, por personas que nunca se sabe bien qué defienden, ni de dónde salen. Lograr que esto, alguna vez, sea un pedido urgente. Que dejemos de conformarnos con migajas porque “la realidad es así”, y empecemos a cambiar la realidad, no desde los detalles… Mejor dicho, quizás partiendo desde los detalles, pero siempre y cuando sea para alcanzar el verdadero oro: una vida mejor y más estable que merecemos todos los escritores del mundo. 

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