“Los papeles salvajes” (1971), de Marosa di Giorgio

Si poesía es aquello que es inenarrable, lo que las palabras cotidianas no pueden decir, la voz que dicta el cuerpo, entonces eso es lo que escribe Marosa di Giorgio. Dueña de una obra singular, sin parangón, su poética tiene cosas del surrealismo, del concretismo, de una suerte de realismo mágico y, a la vez, no; todas las categorías pueden caber pero no. Sus poemas obedecen a una voz interior, en constante disidencia, que tiene referencias a la infancia y da erotismo a la visión subjetiva de los tiempos entre huertas y surcos. En “Los papeles salvajes” (1971), primer tomo que reúne la obra de la poeta uruguaya, la magia que hay en la naturaleza, su mundo interior, la mitología, el misterio y el erotismo dan forma a una escritura sin igual, en una suerte de ruptura de los cánones literarios imperantes.

Marosa di Giorgio ha creado, sumado a la “rareza” de su figura literaria, un universo peculiar y perturbador en su poesía. Su técnica es una aventura en
permanente tensión. Como un atentado verbal que experimenta con el cuerpo y la lengua. Nadie sale indemne de cosas así. Entre, bajo su propio riesgo.

Al alba bebía la leche, minuciosamente, bajo la mirada vigilante de mi
madre; pero, luego, ella apartaba un poco,
volvía a hilar la miel, a bordar a bordar, y yo huía hacia la inmensa pradera,
verde y gris.
A lo lejos, pasaban las gacelas con sus caras de flor; parecían lirios con pies,
algodoneros con alas. Pero, yo sólo miraba
a las piedras, a los altos ídolos, que miraban a arriba, a un destino aciago.
Y, qué podía hacer; tenderme allí, que mi madre no viese, que me pasara,
otra vez, aquello horrible y raro.”
Tagged with: