Artistas sin ingresos fijos en el medio de una pandemia global

Hablo mucho de Argentina porque es el lugar donde vivo y también hablo mucho sobre ser pobre porque es la realidad que me interpela. 

En términos exactos, ser pobre y ser escritora son las dos determinaciones sobre mi persona que me tienen atravesando la misma situación que a todxs a nivel internacional, pero con ciertos pormenores relacionados a esta identidad.

Es por esto que aunque pueda ser reiterativo porque ya hablé de cómo se lleva la pobreza con los procesos creativos, me interesa volver sobre mis pasos para preguntarme cómo se llevan los procesos creativos con la generación de un ingreso fijo.

Pasa muchísimo en todos los ámbitos sociales que la cultura es vista como una actividad recreativa no esencial y que los agentes que la hacen mover, sobre todo, lxs artistas que la pueblan, no son vistxs como trabajadores. Y la verdad es que lxs artistas no somos artistas a secas: somos trabajadores del arte.

En este sentido y desconociendo cuál es la situación de mis colegas en distintos lugares del mundo, traigo a colación una problemática urgente que creo nos une a millones de personas a lo largo del mundo: en el contexto de una pandemia global que está impidiendo en casi todos lados la vida social, lxs artistas no tenemos escenarios donde desempeñar nuestras disciplinas y así al menos generar ingresos por el show, las librerías están cerradas, por lo tanto es muy difícil percibir regalías de los libros que tenemos publicados, no hay posibilidad de juntarse, por lo tanto quienes damos talleres tenemos que adaptarnos a la virtualidad y entender que no todo nuestro alumnado se va a poder adaptar asimismo a la situación.

Entonces el contexto, simplemente, nos grita a voces lo que el sistema deja entrever muchas veces de formas más implícitas: que la cultura no le importa a quienes manejan el mundo. 

Es decir, que al capitalismo no le interesa la cultura en tanto no sea un bien a explotar. Esto se traduce en que un grupo de artistas privilegiadxs sigan percibiendo ingresos o teniendo con qué vivir y que la mayoría de quienes vivíamos de esto antes veamos un parate en los ingresos.

En ese sentido, cabe preguntarse si la cultura es un bien no esencial, ¿quienes vivimos de ella somos ciudadanxs no esenciales? Al parecer, sí, ya que globalmente, no hay políticas públicas que garanticen la subsistencia a este sector.

Y por otro lado, no podemos dejar de preguntarnos qué pasa después. Con la economía global congelada, ¿habrá editoriales en pie que tomen la decisión de apostar por escritores jóvenes o se seguirá profundizando en una lógica de apostar a la edición de lo que ya se sabe que vende, beneficiando y publicitando a lxs mismxs de siempre? 

Estamos en un contexto de incertidumbre para todos los sectores. Como dije, no quiero ser reiterativa, así que voy a evitar mencionar lo difícil que resulta producir en esta situación de pobreza, marginación, hipercomunicación y todo lo que nos atraviesa.