Stories are there to be hunted like Easter eggs

LAS HISTORIAS SE CAZAN COMO HUEVOS DE PASCUA

Indigo, come down from the sky – Indigo is the sky come down – where Life requires learning from every mistake, to survive. Michael Knisely

I

No hay vida más allá de la escritura. No hay afuera de la escritura. Y no hay vida fuera del dolor. La experiencia del dolor de la existencia humana se refleja mejor a través del arte de la escritura: un paracetamol o un advil para el espíritu humano. El virus es pura existencia. Escribir es un virus que nos posee y no nos abandonará. La escritura es un virus en forma de huevos de Pascua multicolores.

Escribir es la vida misma. No se puede abandonar la vida ni la escritura a las cinco de la tarde. Escribir lo es todo para mí. Todo. Incluso escribo con papel higiénico. Un écrivain practica el oficio de escribir todo el tiempo. Cuando un écrivain desayuna, también devora un cuento o un poema.

II

Octavio Paz afirma en El lenguaje de los árboles, “mi destino es el de las palabras”. Y sí, nuestro destino es el de las palabras, vivimos la vida de las palabras. Somos árboles y, también, semillas. Fuera del sanatorio y dentro de los límites de la vida, el écrivain está poseído por una enfermedad que lo convierte en lo que es.

El écrivain escribe en una madriguera y observa las palabras que inundan el mundo como gotas de lluvia y las llama por un nombre. Cada gota de lluvia es una historia y una palabra. Cada gota de lluvia es, finalmente, un huevo de Pascua de colores.

En la ciudad lluviosa, el écrivain camina con su paraguas y registra sus pensamientos en la aplicación Voice Memos del I-phone. Incluso cuando trabaja como voluntario en una tienda como Habitat, caza historias entre muebles, azulejos y juguetes usados. El écrivain es finalmente el cazador de historias tan definitivo como Van Helsing. Las historias están ahí, entonces, para ser cazadas como vampiros o huevos de Pascua en un jardín.

Las historias nos habitan, nos rodean como oxígeno o dióxido de carbono. Como esa orquídea violeta superviviente y absurda que me mira con desprecio desde mi mesa. La llamo la orquídea de la dicha. No tengo escritorio, debo precisar. El écrivain escribe mejor en una mesa, si es de cocina, mucho mejor. Escribo estas líneas en un papel con un bolígrafo viejo que me regaló mi madre. La coqueta orquídea violeta me mira con desprecio. Detrás de la orquídea, hay un conejo trickster (embaucador). Tengo dos, en realidad, no sé en qué madriguera se ha ido a esconder el otro.

It is the hour to rend thy chains, the blossom time of souls.
– Katherine Lee Bates

III

El conejo trickster me recuerda que se acerca la Pascua, y transcurre otro año en el que no podré jugar con mis hijos, Octavio y Emiliano: cazando huevos de Pascua y contándoles bonitas y divertidas historias sobre el conejo que creen que es su padre también.

Los niños estadounidenses a una edad muy temprana están entusiasmados con la llegada de la Pascua. Es una gran fiesta para los niños de esta parte del mundo. Lo contrario sucedía en los territorios más australes del continente.

IV

En América del Sur, la Pascua o Semana Santa no era una fiesta para niños. La Semana Santa no me llenaba de alegría. Una vez, casi me ahogo en el mar. En Ancón, los lugareños me recordaban que las aguas del mar se comportan ferozmente salvajes en esta época del año porque el mar lloraba y lloraba por la muerte de Cristo, nuestro Señor.

En la Pascua peruana que recuerdo, no había huevos de colores, ni bombones, esto último sucedía porque era asmático. Sí, había maracuyá, muchos, que robaba de la cerca de la casa de mi bisabuela. Me encanta el helado de chocolate con salsa de maracuyá. La tarta de queso de maracuyá tampoco se queda atrás en mi lista de comidas favoritas. Probé ambos alimentos cuando era adulto una vez que mi asma mejoró.

Semana Santa era una celebración muy diferente. En general, iba a Ancón; otras veces lo pasaba en la casa de Zarumilla con mi mamá. La casa de mi bisabuela en Ancón era humilde y estaba construida con quincha, un material criollo creado gracias a la inventiva del colonizador español y el habitante indígena de la costa peruana.

Me encantaban sus puertas y ventanas azuladas. La casa sobrevivió a tres terribles terremotos en 1940, 1970 y 2008. Las cicatrices aún estaban presentes en sus paredes cubiertas de cal. A veces, solía besar esas heridas. Eran el indicio de la fuerza de la casa, que para mí era un ser vivo. Allí escuché tantas historias que inspiraron mis sueños de infancia que luego se convirtieron en la escritura de un adulto: las historias del conejo de Pascua.


V

No one can really know what their lives were like. They had no novelists -and would not have permitted anyone to read a novel if one were handy. Their creed forbade anything resembling a theater or “vain enjoyment.” They did not celebrate Christmas or Easter, and a holiday from work meant only that they must concentrate even more upon prayer. Arthur Miller

Ella era una casa azul, hermosa, sencilla y valiente. Esa casa era mi bisabuela misma: un huevo azul maravilloso. Yo no la conocí, pero, según la historia familiar, ella no era de Lima, ni era de Perú. Su origen se podría rastrear más al norte. Algunos hablaban de Ecuador, otros de tierras más lejanas donde el baile, el canto, el tarot, la lectura de manos, los juramentos de sangre y las maldiciones formaban una semiósfera de ser y afecto.

Incluso besaba las heridas de la casa azul, pasaba mi pequeña lengua por sus heridas. Sentía que con este método de curación, podría aliviar un poco su dolor. De paso tragaba un poco de cal. En la sencilla sala de la casa de la bisabuela, la familia compartía la carne del ya ilegal muchame (delfín seco) cocinado con acelgas y lo comíamos con galletas de soda.


Easter Day (1881). Oscar Wilde.

THE silver trumpets rang across the Dome:
The people knelt upon the ground with awe:
And borne upon the necks of men I saw,
Like some great God, the Holy Lord of Rome.
Priest-like, he wore a robe more white than foam,
And, king-like, swathed himself in royal red,
Three crowns of gold rose high upon his head:
In splendour and in light the Pope passed home.
My heart stole back across wide wastes of years
To One who wandered by a lonely sea,
And sought in vain for any place of rest:
“Foxes have holes, and every bird its nest,
I, only I, must wander wearily,
And bruise my feet, and drink wine salt with tears.”


VI

El muchame se vendía como droga. Uno llamaba a la puerta de madera de la casa del pescador y luego cambiaba los billetes por la preciada carne de delfín. En una bolsa negra bien empaquetada, se recibía el costoso y valioso tamal de muchame. En los arenales de Ancón no había huevos de Pascua para cazar, pero había maracuyá en la cerca del patio trasero. Además, en el mismo centro del patio, donde estaban los tendederos, se podía apreciar el todopoderoso batán, el Stonehenge de mi infancia, donde mi tía Esperanza solía moler hierbas para transformarlas alquímicamente en deliciosas cremas que ella utilizaba para curar y también para cocinar.

Lo que más me gustaba de ese espacio mágico era el maracuyá, el cual devoraba con pasión. Soy de los que adoran los sabores ácidos, cuanto más ácidos, mejor. Aquellos maracuyás estaban abandonados, nadie se preocupaba por ellos, pero algunos aparecían deseables y sabrosos.

Por otra parte, Semana Santa significaba mirar Espartaco, Los Diez Mandamientos o El manto sagrado en el pequeño televisor de la casa de Zarumilla, un barrio obrero de Lima que había sido conquistado por el coraje de sus vecinos a principios de los años cincuenta. Además, Zarumilla es el nombre de un pueblo en la frontera con Ecuador. El nombre también recordaba a una batalla que supuestamente le ganamos a los ecuatorianos en una guerra que nadie recuerda. Zarumilla forma parte del distrito de San Martín de Porres, fundado en la década de 1950. La historia de este sector de la ciudad está muy ligada a la del santo negro del mismo nombre: es popular y a nadie le importa.

VII

Long for the clouds, where poetry is . . .. Earth’s waters reflecting back both white and “Paris sky” blue, color we extract and transform, repeating and repeating the body-breaking digging down to roots, yellow, brown, green turning to blue, finding that Life’s gifts include dyeing Michael Knisely

Para Semana Santa, los niños estadounidenses, como Octavio y Emiliano, pintan huevos con colores ecológicos que luego serán escondidos por los adultos. La idea es colorear muchos huevos de diferentes colores: amarillo, azul, rojo, violeta, naranja, verde. Siempre es posible que otros niños, vecinos o familiares, lleguen a cazar los huevos también. Cazar huevos de Pascua es un esfuerzo comunitario. Normalmente, los niños odian comer los huevos duros después de cazarlos, prefieren los de chocolate que se otorgan como premio después de que los adultos examinen la cantidad de huevos de Pascua que los diferentes niños han podido cazar en estas fiestas. Los pequeños siempre tienen ventaja. No se trata de una competencia —algo raro dentro de la civilización estadounidense donde todo es una competencia—. Más bien, cada niño y niña, disfruta de la cacería entretenida que luego se convertirá en un recuerdo; devendrá en un huevo de Pascua mental.

Hay huevos que son más difíciles de encontrar que otros. Algunos adultos, malvados, los camuflan bien: los azules junto a flores del mismo color, los verdes dentro del dominio de ese color en el patio, los amarillos cerca de los patitos del mismo color, los rojos cerca de los gnomos que también usan un atuendo rojo brillante.

La idea es que los niños no solo se llenen la barriga de dulces, sino que se diviertan cognitivamente a través de la experiencia de aprender, colorear, pensar y contar. De esta manera, reciben el regalo de la aventura que los prepara para aventuras más grandes en su vida futura. Esta historia ya suena como una canción de Dr. Seuss o un episodio de Mr. Rogers’ Neighborhood.

VIII

Afuera, una tormenta de nieve se desata, y la única ventana que me conecta con el mundo real me lo recuerda. El mundo real no es éste, porque el mundo real no está escrito; se vive como si fuera una novela, pero una novela vivida y no escrita. Quizás, uno pueda contar la historia del mundo real, pero nunca será escrita. El mundo real nos abraza, habitantes de un planeta que muere un poco más cada día.

Afuera hay un mundo en llamas y yo estoy adentro en mi nave espacial, estoy a salvo. En esta caverna cibernética escribo las historias de los hombres, sus vidas aburridas. Las hago mejores, más hermosas, hasta sublimes. Coloreo las historias como si se trataran de huevos de Pascua porque alguien me ha dicho que este conejo es capaz de escribir lo sublime y lo sublime no es más que narrar la vida de los hombres como coloridos huevos de Pascua.


Good Friday. By Christina Rossetti

Am I a stone, and not a sheep,
That I can stand, O Christ, beneath Thy cross,
To number drop by drop Thy blood’s slow loss,
And yet not weep?

Not so those women loved
Who with exceeding grief lamented Thee;
Not so fallen Peter, weeping bitterly;
Not so the thief was moved;

Not so the Sun and Moon
Which hid their faces in a starless sky,
A horror of great darkness at broad noon –
I, only I.

Yet give not o’er,
But seek Thy sheep, true Shepherd of the flock;
Greater than Moses, turn and look once more
And smite a rock.


IX

Las historias son como esos huevos de Pascua escondidos por todas partes. Las historias son el universo. En ese viaje, a través del universo de la vida y la muerte, uno debe encontrar esas coloridas historias llenas de conocimiento y sentir humano. El sentimiento, la escritura en sí, ese pliegue, es dolor, amor, sufrimiento, ternura. Cada color posee un significado.

Cada historia contiene un color (o más de uno). Ahora, mi querido lector, da la vuelta al mundo con tu canasta lista y caza esos pequeños huevos. Esas historias se convertirán en libros con sus propias interfaces de ser y afecto.

Fin


Bonus Track: “Pascuas” de Gabriela Mistral

Pascuas. Gabriela Mistral.

Texto publicado en Lagar II
Un texto original en el que aparecen correcciones manuscritas por G.M. en las estrofas 9 y 10. Habría quedado así. Lagar II fue publicado el año 1991, edición de Bibliotecas Archivos y Museos)

El Niño es recién nacido
De tanto que era esperado
¡A buscarlo y a encontrarlo!

Nadie se quede en las casa
Porque todos son llamados,
Y hasta el ciego va buscándolo.

No es día de moler cobres
Ni de regar lo sembrado.
¡Digan, qué es lo que ha pasado!

De tantos nombre que había
Uno solo iba quedando
Nadie lo había llevado.

¿Qué ocurre en ese pesebre
Que era cosa de ganados
Para estar así agitado?

Nadie de tantos que somos,
Se lo había adivinado.
¿De eso estamos azorados?

En cada día Belén
Sabe de un recién-llegado.
Y no se pone azorado.
(¡Alguien diga qué ha pasado!)

Mujeres y niñas que
Saben todo lo arribado
No entendieron ni contaron.
Respondan, ¡labios pegados!

Yo que iba por carne y pan
Ahora me quedo embobado.
Se ve, si se ven, se ve
Un niño y una mujer
¡Y por qué ella tiene,
digan el rostro azorado!
¿Qué hago en pesebre parado?

Yo voy saliendo por pan
Pero no hago ni mandado
Ni me deja seguir ¡no!
Un Niño que me ha mirado.

Mujeres y niñas que
Saben todo lo arribado
No entendieron ni contaron.
Respondan, ¡labios pegados!

La madre se lo contempla
Y yo lo quiero ver ¡ay!
-Ah, ah, mujer… ¿Quién es EL?
-El prometido y llegado.

Nadie de tantos que somos,
Se lo había adivinado.
¿De eso estamos azorados?

En cada día Belén
Sabe de un recién-llegado.
Y no se pone azorado.
(¡Alguien diga qué ha pasado!)