«Lo que quería decir era otra cosa» de Michael Benítez Ortiz

Hoy una tormenta está amenazando mi vida entera,
si no consigo algún refugio voy a desaparecer.
Rolling Stones (Gimme Shelter)


*Colaboración externa del escritor FABIO ANDRÉS DELGADO MICÁN

Caminaba con Michael Benítez desde el centro de Bogotá hasta el barrio de La Soledad. Fumábamos y hablábamos de álbumes conceptuales, exactamente de tres de ellos, El sargento pimienta de Los Beatles, El muro de Pink Floyd y El ídolo carmesí de The Wasp.

Pero luego lo escuché leer los poemas de su libro Lo que quería decir era otra cosa (Ediciones exilio, 2020), y confirmé con su lectura, de nuevo, que la sencillez en la poesía es difícil de lograr. Sin embargo, es digno de resaltar cuando se logra alcanzar esa simplicidad, como lo hizo Michael, en medio de una poesía colombiana actual que todavía se escribe de manera excelsa, elevada y con ansias de tocar el cielo aprobatorio de Miguel Antonio Caro.

Algunos de esos versos del poemario que me enternecen expresan, “Mis amigos salían de la tierra a jugar conmigo. / Yo salía del centro de mí mismo”. Estos versos me hacen recordar la infancia como un acto de inocencia con la naturaleza, con los amigos que nos rodeaban y nos hacían sentir que la esperanza y el mundo eran posibles si se construía desde ellos.

Su poema ‘VI’ dice, “Beto era el único niño del barrio que tenía barba; en ocasiones le lanzaba piedras a los adultos que le gritaban cosas. Beto siempre tenía un palito en la mano y, ciertamente, era más alto que cualquiera de nosotros. Beto pedía comida en los restaurantes y luego la repartía con sus amigos” Así, el mundo de nuestro poeta no solo se erige desde la contemplación. Entonces, regreso al grueso del libro y pienso en el álbum de The Crimson Idol de The Wasp y me doy cuenta que está dividido en tres momentos. Pues, este libro de poemas también obedece a esa misma división (primera parte, segunda parte y papeles).

Como en el álbum, se nos cuenta la historia de Jonathan, quien pasa por los avatares de la vida. Podríamos decir que en el libro de Michael describe como el autor tramita sus propios avatares por una desidia personal y colectiva:

“Nací pobre como se nace rico: sin merecerlo. En casa se iba la luz con frecuencia; aprendí que a la noche también hay que encenderla. No usaba shampoo, pero el jabón rey hizo brillante y fuerte mi cabello. / De todo eso no me quejo, pero solo me pregunto una cosa, Dios mío: ¿Por qué, además de pobre me mandaste al mundo poeta? ¿Por qué tanta maldición al mismo tiempo?”

Y al final del libro, como al final del álbum, se muestra la caída del ídolo. Pero este ídolo no es más sino la poesía en sí misma, posiblemente como él la concibe o como la intenta. Y el oficio del poeta es intentarlo en silencio. No existe otra manera de comunicarse y forjar el mundo, sino a partir de intentos con la vida misma.

Entonces este héroe que es la poesía termina con Al Menos:

Al menos

Yo
Que admiro a Luis Vidales
Que me sé de memoria un verso de Julio Flórez
Que no me he leído a Valencia
Que no fumé basuco con Jattin
Que no entiendo ni coma a Mutis
Que soy más urbano que Mario Rivero
Que Juan Manuel Roca me parece una piedra
Que no le he dado culo a Alvarado Tenorio, ni a ninguno
Que soy más joven que Jaime Jaramillo Escobar
Que leí a Pombo, en el colegio
Que cuando estoy ebrio hablo como Obeso
Que me gusta Hannah Escobar, sin leerla
Que por María Mercedes Carranza
sé que la poesía no se hereda – el papá no era poeta
que a mis rapidines les digo José Manuel Arango
que tengo una foto con Jotamario
– qué culpa, si él me la pidió –
Que no soporto ni una línea de Federico
/Díaz-Granados.
– Prefiero las de perico –
Que confundo a Barba-Jacob con León de Greiff
Que no he plagiado versos en ningún Rincón
Que no he echado chisme con Cobo Borda
Y que siempre me ha gustado Silva en mi billetera
Yo
Quisiera ser, al menos, como ellos
para que alguien se acordara de mí en un poema
y escribiera:
Yo
Que tampoco fui como poeta como él.

Este libro es un grito de desesperación por perder la razón. La pasión termina vociferando, clamando, chillando algo, pero ese algo… es otra cosa. El libro dice, patalea y pide, inclusive de la manera más cruda posible:

II
En el colegio
todos nos la llevábamos muy bien
a pesar de que el gordo
el más grande de todos
era un poquito alzado.
A veces no nos gustaba estar con él
y en parte se lo merecía
porque nos hacía bataneo
cuando jugábamos con canicas
y le pegaba a los más pequeños.
Pero en el fondo lo queríamos mucho;
por eso nos dolió tanto
cuando su mamá nos dijo
que se lo habían llevado para el monte
la tarde en que dios olvidó
que también había sido niño.

Cuando leí estos poemas recordé esa canción de los Rolling Stones, “Gimme Shelter”, ya que encuentro en Michael un poeta que busca caminos que sean también un refugio.

Un lugar en el que se puede gritar fuerte a todo lo que nos rodea. Un lugar en el que se puede entender sin malinterpretar, porque en el fondo, lo que se quería decir, era otra cosa.


*Fabio Andrés Delgado Micán (Colombia) estudió Ciencias Sociales en la Universidad La Gran Colombia. Es candidato a magíster en educación con énfasis en investigación de las ciencias sociales de la Universidad Externado de Colombia. Actualmente es docente del magisterio de Soacha. Ha publicado en una serie de revistas de poesía (Colombia, Chile, España, Estados Unidos, Argentina, México, Bolivia) varios de sus trabajos literarios. Ha sido gestor de colectivos literarios en Bogotá y Soacha como el GRUPO CULTURAL SEMINARÉ. Participó en diversos encuentros latinoamericanos de escritores. Publicó en el año 2015 Asma, con la editorial Piedra de toque (Colombia). Lógicas Vitales año 2018, primera edición Editorial Babilonia (Colombia). Segunda edición con Literatelia (México) año 2019. Ha participado en diversas antologías de poesía latinoamericana.