Fernando Caniza: “Un gestor cultural debe trascender su gusto personal para permitir que circule la palabra”

Cuando conversé por primera vez con Fernando Caniza, me llamó la atención una de sus frases que, a mi parecer, lo describe de cuerpo completo: “Busco generar más lectores…”

Como gestor cultural, se encuentra a cargo de la curaduría del ciclo de lectura Transpolar, un espacio de expresión y creación literaria hecho para el lector, más allá del escritor.

Es así que me encuentro frente a un escritor y gestor cultural que se preocupa por generar contenidos y eventos de alta calidad e interés general. 

Una persona empática capaz de usar las palabras como puentes de comunicación e identificación social, más allá de su punto de vista.

‘Así estamos
Así son las cosas, tira el jefe con pena
ensayada, una mordida en sus labios
y leve inclinación craneana, como
quien se entrega a la providencia, revela
poco de sus intenciones y redobla la apuesta:
qué se le va hacer, las cosas son así
ejecuta el dogma con ademanes de piedra
impulsa a que recibamos los golpes
rechinados al aguante como única salida

en la eterna espera de lo que nunca pasa.
En determinados momentos afrontamos
un derrumbe que no ha existido, se recortan
los proyectos con reservas apocantes y
en algunos meses se repite en cada casa:
cuando no hay remedio no se cura, aunque
si fuera factible un santo remedio, seguramente
no estaría al alcance de manos laboriosas.
No ayuda la mansedumbre, pasarse al bando de ganadores
no, tampoco ser el primero de la lista en el reparto de migajas,
o ganarse una muda de ropa en el Ejército de Salvación.
Si no lo piensan mucho andan de rodillas
hacia la fuente de los milagros, una burbuja que
separa las causas de su entorno, un alivio de las
presiones, porque nadie recuerda a los mártires
de Chicago en vacaciones o un sábado por la noche
lo que es así, es así nomás, dice el talabartero
con
tono convincente, ¿para qué vamos a mentir?
¿quién te va dar una mano si te puede quitar las dos?
Así estamos, si no alcanza es lo de menos
nadie se anima a otra cosa. Cada uno
con cada cual. Cada uno tiene lo que merece.
Cada cual hace lo que quiere
en esta zona de oportunidades.
¿Por qué preocuparse? eso es para problema,
se escucha el bufido de un asimilado.
Quédense bajo la sombra así no se derriten
no se muevan mucho, así no les falta refresco
quietos ahí, eh! indiferentes, sin prisa y sin pausa.
Dios sabe lo que son necesidades, y cuando no concede
es porque no trabajan bastante para obtenerlo.

Vayan para adelante, pronto encontraremos
culpables buscando fortunas en suelo rocoso,
vayan para adelante, todo lo demás
se acomoda, como en el carro
mientras se sacuden los melones.
Así estamos, sin prisa y sin pausa,
trastornados pero en gracia divina,
bendecidos por la santa paciencia
con pocos disturbios o manifestaciones
porque si hay un estallido, de inmediato
cientos de
cabezas de cordero
terminan en un barranco, pero
acurrucados entre cartones podemos
considerarnos un privilegio al aire libre.
Así estamos, como frente a un mago,
en suspenso, estupefactos, porque con
ilusiones grandes y sin movimiento
exigimos menos proteínas, y no hace falta
una adivinanza sobre lo que viene.
Ya sabemos, cada día termina más abajo
y nadie nos cura la angustia del mañana.’

Así estamos (2019)

Claudia Masin dijo: “Caniza, para salvar el momento presente, escribe.” ¿Te auto describirías como un poeta comprometido con su entorno social, político y cultural?

Me gustaría ser solo “un poeta a secas”. Considero que, ante todo, debemos intentar ser poetas (en minúsculas), es decir, que la centralidad estaría constituida por el trabajo con el discurso poético. Después cada uno elige el perfil de escritura que mejor le sienta según sus preferencias y formación cultural.

En mi caso, las inquietudes sociales, políticas y culturales son constitutivas de mi subjetividad y se proyectan sobre lo que escribo. Es una interacción permanente entre lo que pasa afuera y lo que me pasa a mí con eso para conformar un punto de vista. Lo social constituye mi mundo personal y lo personal tiene una dimensión social. Me interesa mucho esa visión predominante hasta el Renacimiento que concebía al artista bajo una dimensión estética y ética. Al decir esto pienso en Vasari.

En este sentido asumo que no podemos escribir sobre algo personal como si estuviera escindido del mundo que nos rodea, como si nuestras vidas no estuvieran atravesadas por la producción simbólica del neoliberalismo, por ejemplo. Pero no alcanza con tener un buen tema para que el poema tenga valor. El trabajo poético con la palabra debe prevalecer, de lo contrario habría que incursionar en un género narrativo o en el ensayo, que establece otras reglas para organizar las ideas y permite más libertades formales.

Cuando conversamos por teléfono coincidimos en la idea que la cultura tiene que circular.  ¿Consideras que en la actualidad existe mayor apoyo en la difusión de la cultura en general o es una ilusión y en el caso de la poesía, por ejemplo, ¿será verdad que solo la compran los poetas?

Es difícil hacer una apreciación general en abstracto. También habría que especificar qué tipo de apoyos se necesitan. En mi país, Argentina, hay apoyo estatal a la industria cinematográfica, pero en la industria del libro es más intermitente y acotado. Los gobiernos populares, en general, generan muchas oportunidades para el circuito cultural. Específicamente, entre 2003 y 2015, se desarrollaron muchas editoriales independientes, gracias a la expansión económica y al apoyo estatal en la difusión. Después del interregno neoliberal de cuatro años, en el que se produjo una grave crisis del país y del sector librero en particular, en 2020, con un nuevo gobierno popular se están discutiendo nuevas formas de relanzamiento de la industria a través de una Ley de promoción del Libro. De todos modos se abren interrogantes porque siempre el escritor está relegado en este tipo de debates, en especial los poetas, a los que nadie consulta por estar lejos de las ventas masivas, subordinado a un rol expectante.  

Por otra parte, los proyectos culturales independientes cuentan con poco apoyo estatal y ningún del circuito privado-comercial. No obstante, aquí tenemos mucha vocación autogestiva y siempre salimos adelante, pero cuando la economía no ayuda se hace muy difícil. Sin duda hay que pensar en políticas públicas integrales que incluya en el debate a los autores, gestores culturales y pequeños productores, no solo a las grandes editoriales transnacionales y a los pocos autores-narradores que venden. En definitiva, todo debe enfocarse a que los escritores puedan encontrar su lugar y a que el pueblo acceda a los bienes culturales y simbólicos, el pueblo como sujeto activo de ese impulso creador.

Ciega la fe
Si no fuera por la poesía
no nos salvaría ni Tarzán
si tuviéramos fe ciega en la
trascendencia y en la contemplación
seríamos místicos.
Si proclamásemos con absoluta seguridad
el predominio de los objetos sobre

la conciencia y el pensamiento
seríamos materialistas.
Inconducente mientras
no supiéramos antes qué
son materia y velocidad,
entre varias cuestiones.

Ella y vos, más nosotros
movemos el péndulo sin
discreción alguna.
Si intentáramos disolver
las contradicciones
sería un delirio demasiado
siniestro en esta época.
Por momentos atrae la inmanencia,
concentrarnos en nosotros y
en la naturaleza, para ensayar

respuestas a muchas dudas.
Dudas despreciables para
quienes sostienen que es
pura jactancia de intelectuales.
Volvamos a nuestras elucubraciones.
Yo con mis vaivenes continuos
Y vos con el destino a cuestas
Y todos con el ceño fruncido
manos arrugadas por escarbar
en promesas de esos
que tienen ciega la fe.’

A nadie le importa (2016)

¿Qué es Transpolar? ¿Qué escritores han pasado por ahí? ¿Cómo se da la selección de escritores para cada ciclo?

Transpolar –poesía+narrativa– es un ciclo literario que inicié en 2013, en el que las autoras y autores leen frente al público, ya sea en una sala  reducida de una librería, en un festival o, en tiempos de pandemia, en su versión digital en redes sociales. La idea es que el espacio sirva no solo como una oportunidad de difusión sino también de producción social de sentido. Transpolar tiene que ser un puente para que la gente se acerque a la cultura y se generen nuevos lectores, que es lo que permitirá que el público se multiplique y sea más exigente.

En esta búsqueda es importante preservar la calidad literaria sin caer en elitismos de círculos de amigos. Por eso adopté  el concepto de curaduría, utilizado en exposiciones de pintura y artes visuales, que no se usaba en ese entonces en literatura, para jerarquizar el rol de selección de quienes leen. En Transpolar pueden leer escritoras y escritores reconocidos o emergentes, sin que importe su edad o el lugar de origen, teniendo en cuenta la pluralidad de voces y las diferentes líneas estéticas. Por el ciclo han pasado Gabriela Cabezón Cámara, Selva Almada, Julián López, Claudia Masin, Guillermo Saavedra, Agustina Bazterrica, María Pía López, Julia Magistratti, Susana Villalba, Blanca Lema, María del Carmen Colombo, Jorge Consiglio, Paula Jiménez España, Teresa Arijón, Osvaldo Bossi, Laura Wittner,  Carlos Battilana y Mónica Sifrim, entre muchos más.

Tengo la convicción de que un gestor cultural debe trascender su propia experiencia y gusto personal para permitir que circule la palabra y se conozca lo que está pasando en la escena literaria contemporánea.

¿En un mundo globalizado como en el que nos encontramos, qué momento crees que vive la poesía latinoamericana a nivel mundial?

Es difícil saberlo con precisión. Pienso que la distancia entre producción y recepción se ha acortado con el despliegue actual de las redes sociales. Por un lado estamos muy conectados y hasta el material más difícil se ha vuelto accesible con solo guglear un poco. De hecho, gracias a la tecnología la octava temporada de Transpolar se puede hacer en formato digital, en plena pandemia. También podemos escribir y publicar un texto sin esperar que una editorial se interese, o a la inversa, usar las redes como instrumento de promoción para que alguien se interese en publicarlo. Sin embargo, considero que lo efímero de la conexión online hace que se pierda el espesor de la cultura y el pensamiento. Tampoco creo que la poesía latinoamericana sea más valorada o leída solo por estar más conectados. Y lo sostengo incluso cuando mi primer libro fue editado en España, en 2005, gracias a que alguien se interesó por mi material subido a revistas online. Otro aspecto que quiero destacar es la cuasi desaparición de la crítica literaria, que estaba muy desarrollada durante el siglo 20, en revistas y suplementos culturales de diarios. En la actualidad la fragmentación del tiempo y el hiperconsumo nos atraviesa, a tal punto que nadie soporta más de tres minutos de lectura de un artículo online, y saltamos de un sitio a otro casi sin detenernos. En fin, nuevas libertades y nuevas cadenas, diría Deleuze.  

En uno de tus libros, citas la frase de Julia Kristeva “La poesía siempre supo esgrimir su firme decisión de voluntad libre y volver a la memoria de las palabras para hallar en ellas el tiempo sensible”.  Desde tus inicios hasta la actualidad ¿Cómo definirías tu escritura?

El acercamiento a  Kristeva  es recurrente  porque la cité en mi tesis de licenciatura en los años noventa, entre otras lecturas; por lo tanto tiene mucho que ver con lo que pienso y he desarrollado en todos estos años. Mi tema de tesis trataba sobre la evolución de la subjetividad atravesada por la lógica mercantilista y funcional, que iba quitando espacios de libertad y transformación en el lenguaje y en toda práctica discursiva. Entonces pensaba que había una salida a explorar. Encontré en Kristeva y sus consideraciones acerca del lenguaje poético, posibilidades subversivas con respecto al discurso social. Me interesó mucho su concepto de revuelta, en un sentido íntimo, que permite reconstruirse al sujeto y considera a la actividad artística como una forma revisada de la identidad, con una forma abierta a los demás, una obra en proceso. Pienso que, a diferencia de los años setenta, no habría una negación de la propia vida en pos de un proyecto colectivo sino una valoración de la propia subjetividad, con sus falencias y contradicciones, para volver a encontrar sentido en una proyección social. Eso lo retomé en mi primer libro publicado. En síntesis podría decirte que concibo mi persona y mi poesía como un proceso abierto de revuelta y de reconstrucción.

‘somosuno
ensimismados
caen frente a mí
pequeños mundos
recuerdo
por
etapas
qué hay en el fuego
de esta imagen
paramecia
eterna
soy necesario digo
somosunohumanos
no caracoles de playa
me entrené
para ver esto
la peste
tullida
mi praxis

sonríe
hasta que caigan
los restos
creo en mi religión
catódica
somosunoparatodos
hasta los presos
son bienvenidos
a mi heladera’
Luces de hospital (2005)

Fernando Gabriel Caniza (Argentina, 1970) Licenciado en Ciencias de la Comunicación (UBA). Como periodista ejerció en importantes diarios y revistas, también es docente universitario, escritor y gestor cultural. Publicó el libro Así estamos (Alción, 2019, Buenos Aires, Argentina), A nadie le importa (La Gran Nilson, 2016, Buenos Aires, Argentina) y Luces de hospital (Araña Editorial, 2005, Valencia, España). En gestión cultural está a cargo de la curaduría del ciclo de lectura Transpolar poesía+narrativa (2013, hasta la actualidad). También del Ciclo Poesía en la Biblioteca Esteban Echeverría (2019, Legislatura de la CABA, hasta la actualidad). Coordinó mesas de lectura en festivales: (Poética, 2105, CCK), Festival Internacional de Poesía (2009, Ferial del libro, CABA, Argentina). Es invitado frecuente en ciclos literarios y programas de radio.