Entrevista a Katariina Vuorinen: “Siempre se ha observado a Finlandia como un país activo en el área literaria”

¿Cómo se inicia tu camino en la poesía? ¿Quiénes son los primeros escritores que te marcaron en este ámbito?

Desde muy niña supe que quería ser escritora. Siempre he amado los libros. Cuando comencé a aprender a leer y escribir, alrededor de los 4 años, ya quería escribir uno. Un día tomé papel y una tijera para crear un libro y escribir en él, y eso resultó mi primer libro: pequeño, quizá sin mucho sentido, como dijo mi mamá, pero importante para mí. Ya había escuchado mi camino de la vida llamándome. Realmente escribí mi primer poema a los 7 años, en el colegio, cuando me dieron la tarea de escribir o dibujar algo para los estudiantes de otra escuela, con quienes nuestra clase mantendría correspondencia, entonces recordé haber leído algunos versos con rima y se me ocurrió probarlo, crear unos versos, exactamente siete en esa vez. Desde ese día no me detuve nunca más.

Empecé a leer poesía de forma más seria a los 13 años. Leí cualquier poema que encontraba en la biblioteca, de varios poetas, pero los primeros que me causaron una impresión profunda fueron de Edith Södergran, Mirkka Rekola, Eeva-Liisa Manner y Arto Melleri. Especialmente la poesía de Södergran tuvo un gran efecto en mí, ella fue la primera modernista finlandesa en lengua sueca y su poderosa perspectiva poética revolucionó mi universo. Después llegó a mí la esfera hispanohablante, comencé a leer a Juan Ramón Jimenez, Federico García Lorca y Pablo Neruda. Después vinieron muchos otros. Todos estos poetas me abrieron las puertas para encontrar aún más poesía en el mundo.

¿Cómo el feminismo se convirtió en uno de los temas más relevantes a tratar en tu poesía? 

Me interesa infinitamente el ser humano, cómo somos y nos conectamos. La desigualdad es una construcción que limita nuestro crecimiento, nuestra forma de cooperar, expresar, comunicar y amar. Entonces debemos concentrarnos en hacer todo esto con reflección, honestidad y perseverancia para demoler esa construcción, con el fin de conseguir la libertad y la felicidad de todos, y lograr la existencia de un mundo mejor.

Hasta ahora has viajado a unos 50 países, y tu trabajo literario ha sido presentado en varios de ellos también. ¿De qué forma impactan los viajes en tu escritura? 

Siempre he escrito algo en cada país. Los motivos son varios y distintos, aunque al final siento que se trata de lo mismo: la existencia. Me inspira la naturaleza con su poder y expresión; la cultura, la historia y los movimientos que expone la sociedad, los encuentros y el aislamiento; la evidencia de cada sentido, la meta (y la lucha) de entender, descubrir las profundidades de la vida y del ser humano. La pasión y el intento de expresar, mostrar lo que es.

He presentado mi poesía en varios países. Recuerdo, por ejemplo, los recitales que he tenido en La Sebastiana, en Chile; un recital en Weimar, Alemania, la ciudad de Goethe y Schiller; las audiencias especialmente cordiales en Polonia; el festival Abbapalabra en México, un festival de dos semanas donde visitamos escuelas cada día y nos encontramos con grandes grupos de niños muy entusiasmados; un par de recitales que di en Tailandia, en una pequeña isla, junto a algunos músicos, y en general toda la cooperación entre poesía y otras artes. 

Sobre todo me inspira explorar lo desconocido. En 2017, escribí junto a dos colegas un libro cuyo motivo es el viaje. Este libro surgió a partir del interés común que compartimos en una fiesta que organizaba una editorial. Había visitado y trabajado en este país anteriormente, pero fue entonces en esa fiesta cuando acordamos hacer dos viajes por toda Islandia. Uno  durante el próximo invierno y otro en el verano. Arrendamos un auto y recorrimos la isla, descubriendo su naturaleza impresionante y el terreno volcánico, los milagros del agua, el hielo y el fuego que guarda esta isla de las sagas. También dimos unos recitales de poesía y música porque mis colegas, además de ser escritores, también son músicos. En el libro hablamos de nuestras experiencias en este viaje, desde un punto de vista personal. No intentamos contarlo todo, pero sí expresamos nuestras impresiones y nuestra motivación.

Uno de los países que más has visitado es Chile, en distintas épocas (2004-2005, 2018, 2019 y 2020). De hecho, fue el último lugar en el que estuviste antes de la pandemia. ¿Qué experiencias podrías destacar de este país en este contexto? ¿Cómo te acercaste al español desde tu nativo finés?

De Chile me atrae inmensamente la naturaleza, desde el desierto hasta los glaciares, en toda su variedad. También el idioma y la gente. Y debo mencionar a los caballos.

Desde mi primera visita he sentido que tenemos algo en común. No sé si será la conexión con la tierra, una mentalidad un poco salvaje… no sé qué será, pero en algo debemos congeniar. 

Mientras estudiaba en la universidad, en Finlandia, tomé un curso de español, entonces comencé a aprender el idioma desde cero. Luego me fui de intercambio a Oviedo, en España, y viví allá ocho meses. Así logré practicar mucho más.

Un tiempo después de terminar mis estudios me inscribí en una asociación europea, CIMO, para hacer mi práctica profesional. Fue así como tuve la opción de realizarla en Chile. Llegué en el año 2004 por primera vez. Viví en Temuco y trabajé en el Ministerio Público. Desde entonces siempre quise regresar. En 2018, después de una gira de poesía por México y Perú, mientras participaba en un festival de poesía en Bolivia, decidí que ya era tiempo. 

He vivido muchas experiencias agradables en Chile, y algunas muy sorprendentes. La última de ellas fue cuando comenzó la pandemia. Yo había llegado en febrero de este año a Valparaíso, tenía presentaciones y viajes programados dentro del país, pero cuando llegó marzo, dos semanas antes de volver a Finlandia, cancelaron todos los vuelos. Chile cerró sus fronteras y decidí quedarme en Potrero Grande (una zona rural cerca de Curicó). Ahí pasé la cuarentena en medio de la naturaleza, rodeada de cascadas y bosques, cerros y montañas. Viví en una carpa, sin electricidad ni conexión a internet, lejos de toda posibilidad de contagio, así que con cierta frecuencia lograba olvidar el caos y el pánico que causaba el virus en el resto del mundo. Obviamente sentí mucha compasión por todos aquellos que fueron afectados por la pandemia en mayor medida.

Tuve la suerte de estar en un lugar donde pude sentirme a salvo, en armonía con la existencia y feliz en Potrero Grande; entonces pude seguir escribiendo, mucho a mano, pero también dictando a mi celular. Para cargar las baterías del celular y mi computador iba a la casa de los dueños de las tierras donde me encontraba, una familia con la que entablé una linda relación de amistad, y con quienes quedaré siempre muy agradecida por su ayuda y afecto. Pienso que no podría haber estado en un lugar mejor durante la cuarentena y me siento muy agradecida.

Finalmente pude regresar a Finlandia a principios de junio.

¿Qué nos podrías decir de la poesía actual de Finlandia? ¿A qué poetas podríamos leer?

Especialmente en los últimos años y décadas, la poesía en Finlandia ha sido muy diversa y dinámica. No existe una única “escuela de poesía” o esteticismos estrechos, y eso resulta muy inspirador. Hay muchos eventos literarios, conversaciones y clubes de poesía. Me parece muy viva la escena actual. Aunque en nuestro país tampoco se venden muchos libros de poesía, el verso está siempre vivo. 

En Finlandia, respecto a la escritura creativa, el sistema y la educación es realmente muy buena e incluso puedes estudiar un magíster en esta disciplina. Pero leer y escribir no es sólo una cuestión que se cierre al ámbito académico, por el contrario, también es una actividad muy popular. A través de la Historia de nuestro país, desde 1917, primero en el sentido de una nación, luego como un país independiente, siempre se ha observado a Finlandia como un país activo en el área literaria. Dicho esto, la tradición de nuestra poesía es oral, una tradición muy larga que nos ha traído hasta el día de hoy a expresarnos en las letras.

Sobre qué poetas finlandeses podríamos leer, pienso en algunos contemporáneos, entre tantos poetas excelentes que tenemos en el país: Saila Susiluoto, Sirkka Turkka, Juha Kulmala y Olli-Pekka Tennilä.

¿En qué proyectos estás trabajando actualmente? 

Estoy trabajando en dos libros en estos momentos: uno de prosa y uno de poesía. El libro de poesía ha nacido de mi amor por Chile, éste es su “lugar mental”, su origen, y también tiene influencia de mis otros viajes por América del Sur. Será mi quinto libro. 

¿Algún mensaje para quienes se inician en la carrera literaria? 

Abrirse y quedarse en la observación, sin reaccionar, ni analizar, pero recibiendo y aceptando con todos los sentidos. ¡Leer y escribir! Practicar esto cada día.

Katariina Vuorinen (Janakkala, Finlandia, 1976) es poeta, escritora y Máster en Filosofía con especialidad en Literatura. Ha publicado los libros de poesía: Edith me besó en sueños (2001), Frente frío (2006), La casa de las mujeres y las aves (2010) y La ley del año nuevo (2015). También cuenta con publicaciones en antologías y revistas tanto en Finlandia como en el extranjero. Trabajó en la Universidad de Jyväskylä y ha sido profesora de Escritura Creativa. Uno de sus más recientes proyectos es un libro de viajes en Islandia: El diablo suelto en Islandia (2017) junto a dos colegas escritores. Fue presidente de la Asociación de Escritores de Finlandia Central (2008–2013). Participa en proyectos artístico-literarios e interpreta su poesía en diversos escenarios nacionales e internacionales. Su poesía se encuentra traducida a 13 idiomas. Actualmente, la autora está trabajando en su próximo libro.