Juan de la Fuente Umetsu: “Soy mi combate y mi reconciliación”

Juan de la Fuente Umetsu suele autodefinirse como “un poeta sin generación”, sin embargo, al leer sus escritos, fácilmente podría definirlo como un poeta para todos los tiempos, para mí, un “visionario”.

En la sutileza creativa de sus poemas podemos encontrar: sabiduría medida, perfecta convergencia cultural, autenticidad, una palabra vivaz, audaz y discreta que, a su vez, desnuda el espíritu reflexivo y contemplativo del poeta, su voz y sencillez.

“La vida es este poema
que intenta quedarse”

Escribe para sí mismo, con honestidad, y así como Saramago, sabe que, al hacerlo, cumple con el propósito de dar un mensaje como parte de la humanidad: un verso individual también es colectivo.

CABALLOS EN LA AZOTEA

Toda la noche los caballos han deambulado por las azoteas
Interrumpiendo el sueño que ya no soñamos
Toda la noche y a cada instante, como si fuera toda la vida
Han galopado al borde del abismo
Y el abismo ha galopado sobre ellos toda la noche
Pero no pedían nada
Nada reclamaban
Solo deambulaban por las azoteas como si no hubiera cielo arriba
Y abajo solo las huellas toscas de sus pasos expulsando el vacío
Toda la noche alguien vio a un músico regresar de la muerte
Y dejar una canción en cada puerta
A un actor desnudo frente a un espejo que no lo reconocía
A un muchacho herido corriendo por las calles para alcanzar un corazón
A una muchacha despierta hace cien años en un tren que dormía
A mi madre llamándonos a todos detrás de una puerta
Y a ti, estatua de viento 
Sonido que estalla
Reloj que regresa 
Escalera que sube sus propios peldaños
Para quedarse suspendida en mi camino
En mi camino toda la noche los caballos gritaron algo 
Que dijiste en sueños
Y las ventanas se abrieron para recibir el mensaje 
Y mi madre volvió a llamarnos desde el otro lado
Y nosotros ya no estábamos aquí
Solo escuchábamos su voz toda la noche
Porque hay un momento en la vida de un hombre
En el que no sabe si entra o sale de la realidad
Ha probado ya el sabor de los cuerpos cuando dejan de morir 
Y ha conocido el sitio exacto donde la piel se desvanece
Hasta formar un templo
En la memoria las flores tienen el mismo color
Que cuando las cortamos y hurtamos su belleza
Lo terrible es lo que sabes pero no llegas a entender
Toda la noche los caballos han deambulado por las azoteas
Veo una calle perdida en el cuerpo de un hombre que acaba de partir
Dicen que no ha muerto 
Que regresará
Que solo fue a la tienda de la esquina por un par de cigarrillos azules
Para olvidarse un poco de él 
Un poco de todos
Y arrojar sus cenizas a la desesperación
Un movimiento más y el mundo cruje
Como la hoja de un árbol que golpea el bosque
Toda la noche los caballos han buscado algo sin saberlo 
Y sin saberlo toda la noche hemos escuchado su silencio
Han entrado en los pantanos de los sueños 
Y se han hundido un poco más que de costumbre 
No sabemos cómo será la próxima vez 
Nosotros seguimos dormidos 
Sin escuchar nada 
Sin sentir nada
No hemos entrado aún en la muerte y tampoco hemos salido de la vida 
Toda la noche los caballos
Han tratado de regresar a nosotros.
Y la noche nos ha expulsado a todos.
(Juan de la Fuente Umetsu, Inédito)

Eres un poeta apasionado y, cuando hablas de poesía, hablas del reencuentro con uno mismo. ¿Quién es Juan de la Fuente? ¿Cuál es tu origen?
Creo en la pasión y con la pasión creo. Y creo también que la pasión es una fuerza transversal, como la poesía, que debiera aplicarse a todos los oficios. Sin pasión no hay forma de iniciar y sostener una acción en el tiempo.
La pasión está dentro de uno y es lo que nos hace transitar la vida hacia un destino, hacia el cumplimiento de un propósito. La pasión y el amor son esa energía vital que nace del cuerpo y del alma. Yo soy, a la vez, una pregunta y una respuesta que cambia permanentemente, dialécticamente.
Soy mi combate y mi reconciliación, y acudo al origen porque es allí donde nos encontramos todos; donde todos somos una sola persona, una sola humanidad.

En una entrevista mencionas que “uno tiende a ser todo lo que ha vivido y leído en su vida”. En “Vide cor tuum” muestras claramente la influencia que tiene en tus escritos Alighieri, los haikus de Basho y el surrealismo. ¿Cómo es que nace esta complicidad?
Hoy más que nunca, en la producción poética confluyen todos los caminos, las voces, las propuestas. De esa confluencia, nacen otras voces, otros sonidos, otros sentidos. En Vide Cor Tuum que significa mira tu corazón en latín encontré el impulso de occidente a través de Dante y la contención esencial a través de Basho. Soy un convencido de que hay un punto en el que se conectan oriente y occidente, y es en el sueño y la imaginación, en las imágenes que navegan a través del inconsciente universal.

Veo a los poetas japoneses escribiendo rengas, un poema en el que intervienen varios autores, y a los surrealistas pergeñando cadáveres exquisitos, una voz detrás de otra en busca de la unidad. Considero que hay un punto, no sé si llamarlo iluminación, satori, revelación, visión, epifanía, etc., en el que los poetas se reúnen en torno al mismo fuego ancestral.

CUADERNO DE ORIENTE

Y la poesía, una sorpresa
(Martín Adán)

Nueve de la mañana en Shangai:
Una mujer atraviesa la calle y parte en dos el mundo.
Li Bai se despide sin saberlo.
Es la hora suprema, la que duda,
La que enciende las velas de los muertos.
La ciudad termina donde el puente comienza.
El río primero baña las últimas aguas:
Es la hora de la resurrección y la muerte.
Lo que dice el viento
Es lo que los hombres callan.
No hay sentido común en el canto que aflora de una de las casas del camino.
Li Bai mira el espejo del aire al otro lado del tiempo.
Un escenario vacío donde la noche instala una mesa
Para depurar las verdaderas sombras.
Hay un cuerpo.

En todos los cuadros siempre hay un cuerpo.
La luna detenida en una copa de vino, se confunde
Con las lágrimas de un hombre sin ojos.
En su ebriedad, Martín Adán y Li Bai son dos náufragos.
En su mesa se agita el mar y el destino.
Y cae otro cuerpo.
Siempre cae otro cuerpo.
La luz es otra luz,
Esta mañana de invierno en Lima, 
En 1946, las palabras toman por asalto el lenguaje.
Se desnudan en un bar. Arde la tarde.
El vino, la noche otra vez.
Otra vez un cuerpo
Sobre la mesa, un bosque:
Ambos descubren el mundo
Y nos descubren.
A pesar de todo, nos descubren."
(De Puentes para atravesar la noche. Paracaídas editores, 2016)

“…Tanto las palabras como el silencio están llenos de vida y de muerte; pero sobre todo de amor. Solo el amor hace posible el poema.” ¿Cómo describirías el desarrollo de la poesía en torno al amor en estos tiempos?
Ya dije antes, el amor como la pasión son la energía vital que nos impulsa a transitar la vida. El amor le brinda peso y sentido al lenguaje poético. Pienso que la poesía es un ritmo interior que se fusiona con el ritmo exterior a través del amor. El amor, como la vida, la muerte, la soledad, la justicia y otros temas ya han sido recorridos desde los inicios de la poesía y hay autores que los han llevado a la cima mediante obras monumentales. Sin embargo, son temas que no se agotan, en la medida que no se agota la humanidad. Somos un colectivo, pero al mismo tiempo somos personas únicas. Creo que todos somos indispensables, en la medida en que somos distintos, diversos y no hay nadie que sea igual a otro. Ese otro que somos y que nace con una voz propia; aquella que tarde o temprano vamos a descubrir, si es que ella misma no nos descubre antes, sin previo aviso.

“Solo la flor es eterna”. Estamos viviendo un excepcional y difícil momento a nivel mundial, la vida de todos los seres humanos está dando un giro importante, cuya repercusión aún es difícil de medir. ¿Cómo crees tú que, este momento específico, va a afectar la literatura en general?
Una de las cosas que aprendí cuando estudiaba Derecho y Ciencias Políticas en la universidad de San Marcos fue que el derecho es conservador, en la medida en que las normas vienen después que los hechos. En la literatura, pasa todo lo contrario, la literatura se adelanta a los hechos, los visiona, no siempre, pero muchas veces. Pienso en Julio Verne, a quien leí apasionadamente en mi niñez, en George Orwell o en José Saramago; ambos se anticiparon a lo que ocurre en esta época, como muchos otros lo hicieron. Vivimos momentos en lo que se retoman símbolos fundamentales de la poesía, como Javier Heraud. Heraud, como César Vallejo, visionaron su muerte, por ejemplo; al igual que aquellos como Pedro Paulet visionaron la era espacial, el desarrollo tecnológico. Son tiempos de re-visitación. En el Perú, volvemos hoy más que nunca a la obra de poetas esenciales, como Juan Ojeda, Xavier Abril o Gamaliel Churata, por solo nombrar a algunos. El tiempo, gran escultor, decía Marguerite Yourcenar, y es cierto: el tiempo y la distancia nos hacen volver hacia autores olvidados o postergados, por motivos que no tienen que ver con el arte. Detesto los calificativos ofensivos contra las personas, al hablar sobre sus obras. Nadie es dueño de la verdad, no hay papas, ni papisas de la poesía.

Es innegable que la irrupción del COVID19 va a marcar un antes y un después en el mundo. Creo que esta pandemia ha puesto al descubierto lo peor y lo mejor de la sociedad; ha quitado máscaras y ha mostrado rostros que no eran verdad sino mentiras sociales.

Ahora están a prueba las decisiones que tomen los gobernantes y los gobiernos, luego sabremos a carta cabal si pudieron lograr la salvación de millones de personas en el mundo o si precipitaron su muerte. El exceso de información, acaba por desinformarnos y esto es aprovechado por el populismo para crear su ficción mesiánica. Cuidado con eso, pronto sabremos la verdad, es cuestión de tiempo. Ahora más que nunca el cambio en nuestro modo de vivir ha dejado de ser una necesidad para convertirse en una obligación inevitable. En ello se juega nuestro destino. Ya no podemos elegir cambiar, tenemos que cambiar sí o sí. De no hacerlo corremos el riesgo de perdernos como humanidad.

La cuarentena nos hace volver a nosotros para reencontrarnos, para reconocernos, para re-descubrirnos. No sé lo que salga de esto, no sé si seremos mejores o peores seres humanos, porque hay mucha injusticia y desigualdad en el mundo; las brechas son como abismos inexpugnables. Pero de lo que sí estoy seguro es que esta época reclama el ejercicio cabal de nuestra vocación colectiva, de nuestra solidaridad, sin la cual es imposible conservar una individualidad creadora.

En estos momentos, las nuevas tecnologías están mostrando su mejor y su peor rostro. Tengo fe de que predomine la verdadera finalidad de lo tecnológico, que es servir a la humanidad. Tengo fe, también, pero esto va a demorar muchos años (Ars longa vita brevis), que una mejor humanidad se impondrá sobre las asechanzas apocalípticas.

La poesía fluye, no pertenece a ningún tiempo… sino a todos los tiempos, las palabras no le pertenecen al autor, sino a todos los lectores. Esa es la magia de la poesía. Vide cor tuum a pesar de haberse publicado hace 3 años, a mi parecer, es una lectura imprescindible el día de hoy. ¿Encontraste tu propósito en la palabra?
Hoy más que nunca creo que mi propósito en esta vida es a través de la expresión de la palabra poética, pero que eso se encuentra en la mirada poética.

Lo dije al principio, la poesía es transversal a otras actividades; no es patrimonio exclusivo de los poetas, ni de las formas poéticas, sino que trasciende esos límites, porque en poesía los límites no existen.

La poesía es una forma de mirar el mundo, de vivir esta vida, de procurar trascender la hegemonía de lo racional, de lo práctico, de lo instrumental.

Por lo demás, como diría Thoreau: “Ninguna definición de la poesía es adecuada, salvo que sea poesía”. Un poeta no es más ni menos que nadie, es solamente un poeta. Serlo no es azotarse las espaldas con látigos ergotistas, ni es una moda, ni es un refugio, ni una evasión, ni siquiera un reconocimiento; es únicamente serlo, sin justificación alguna, es algo que sabes, que sientes en el alma, en el cuerpo, en el corazón.

No puedes vivir sin escribir o sentir poesía; así como no puedes vivir sin respirar, sin comer, sin transitar el mundo cada día. No le creo a quien dice que quiso ser poeta, pero que no pudo serlo porque las circunstancias, las obligaciones, las cosas de la vida se lo impidieron. Esa persona, sencillamente no era poeta. Ejercer la poesía es un acto natural, apasionado, cuya práctica pone a prueba nuestra vocación y requiere mucha perseverancia.

VIDE COR TUUM (Fragmentos)

Entra en la flor como una danza
Entra en la flor y permanece afuera
Déjala crecer en el fuego
En las palabras desnudas sobre la cicatriz del alba
Una escalera nace en un precipicio
La historia cae sobre un lienzo blanco
Donde dos seres completamente sucios
Ofrecen un sueño al viento
No hay atajos
Solo la mirada entre nosotros
Volvemos al origen
Una gota de agua fugitiva nos recibe
Al pie de todos los puentes
Aún persisten las hojas de aire enloqueciendo la tierra
El mundo se ausenta
Otras vidas se ocultan
Tras esos mundos vacíos
Se incendian los bosques
Para navegar en tu mirada
La realidad es solo la realidad y escapa
El cielo se esconde para sobrevivir
Si miras arriba verás caer una ciudad
Bajo el recuerdo de esa ciudad permaneces
El sol es un espejo de sombra escrito en la pared
Una canción como un planeta oscuro a veces nos alumbra
Se muere la ciudad y en ti los cuerpos se despiertan
Cuando rozo tu espalda todos los cuerpos se iluminan
Los ecos se encuentran se despiden los reflejos
Y esa luz que veías cuando el mundo se apagaba en el fuego
Es una sombra que corre por un río congelado
Gritando la palabra amor
Cuando toco la punta de tus dedos siento al fuego temblar
Los ríos se acuestan y el mar vuelve a encontrarse
Crecen estrellas planas como soles extendidos
Sonidos que ya nadie escucha ni recuerda
La flor que nació contigo está en ti en tu casa
No la dejes partir antes de tiempo
No la dejes entrar
En los caballos salvajes
El mundo duda trastabilla
Porque nadie quiere encontrarse
Nace otra ciudad en tu mirada
Nosotros miramos a través de ella
Somos el reflejo que nunca acaba
Ahora lo sé ahora lo sabes
Igual que ese reflejo
Este poema nunca acaba: se escribe mientras mueres

******

No hemos nacido ni muerto
Adviene la noche pero tú ya no nunca más nosotros
Quiero decirte algo quiero decirte algo
Ya no estoy a tu lado
Alguien que nunca estuvo se echó a llorar
La quietud es muerte -dice él-
Pero ¿es la muerte quietud?
Y se hunde cada vez más
Creyendo emerger
Hay un rostro que ninguna máscara cubre
Desórdenes azules acciones invisibles contra una víctima imprecisa
Tal vez todos nosotros somos esa víctima imprecisa
Todos nacemos cuando alguien muere
Todos morimos y renacemos y regresamos al abismo
La flor entra en la flor y se despierta
El fuego ya no es fuego es agua
Y en ella la tierra se sostiene
Sus raíces crecen en cada uno de nosotros
Y no puedes confiar en el eco
En la mano que tiembla ante ti
Pero quiere dispararle al mundo
Desconfías y caminas el dolor no está en ti más
Mas tú sí estás en el dolor
Y el dolor en el filo de las palabras que no caen
Los caballos corren a través de ti
Hay algo que se precipita
Como si estuviera detenido
Son los golpes que perviven en aquella soledad
Ha caído una canción
Ha caído contra todo
La flor se apoya en ti
Mujer
Y en mí se levanta
Una barca anuncia el horizonte el sol depone sus alas

******
No veles más mi eternidad porque es la muerte
Quien vela sus sucesivas muertes
No veles a los que duermen sin haberse acostado siquiera
En un recodo del universo debes velar
A quien cansado de la noche decide quedarse con ella
Debes velar la maldad triste
Debes velar tu ausencia porque regresarás cuando nadie te espere
La duda que apuñala nombres memorables que ya nadie recuerda
En la moneda que paga tu deseo has de repetir los trenes y los árboles
¿Cuánto costaba la sangre que devino en agua?
¿Cuánto costaba la espera la frustración la ira?
¿El agua que penetró tu cuerpo en celo
Y te dejó la lluvia?
El recuerdo es una mala palabra
Tienes que subir a él trepar las enredaderas
De las que penden caballos suicidas
Tienes que conocer antes
El rostro del verdugo
Porque él será tu víctima
En la violencia hay música mucha música
Pero nadie la escucha solo él solo ella
El rumor del dolor sostenido
Por un abismo que golpea el cielo
La sangre que corre como si danzara
La estela de la muerte al escaparse con un muerto
El mar que nos recibe en medio de las rocas y va hacia el río
El llanto de la abuela esa noche solo esa noche
Y su tristeza alegre
En vano apagamos la última vela arrojamos la única bala
Escondimos las puertas el mundo ardió igual
La flor ardió en la flor
La bala se arrojó al primer cuerpo que encontró
Otra vez todas las puertas se abrieron
Y cerraron a la vez
No te repitas
Cuando hables del amor no te repitas
Si te repites repetirás el amor
Y el amor no se repite
Cuida tu golpe
Cuida tu grito
Cuida tu patada
Y si te quedas mudo calla al mundo
Si alguien te golpea esconde el golpe en su cadáver
Si alguien te patea fuerte que su patada sea el mismo abismo
Atraviesa en voz baja un puente
Y camina sobre la oscuridad del mar
Levantado sobre el río de tu infancia
Todo renace cuando muere
Todo o nada ha sido escrito para que recordemos los gritos
Y las voces nos hablan desde algún lugar donde el lugar no estuvo
Desprovisto de signos de significados
Has regresado porque en verdad te fuiste con nosotros
Solo la flor te delata solo el fuego te recobra
Renaces de un cuerpo sin origen
De una ola que grita en el fondo del mar
La claridad es cerrar los ojos para que tu mirada pueda reunir el mundo
Y el mundo se clava en ella como un puñal
Miramos al impostor como si fuera un profeta
Y al profeta como si fuera un impostor
Solo el silencio estalla
Solo la flor se hunde en la flor el fuego en el fuego
Entra en la flor
Entra en el fuego y aléjate
He aquí tu vestimenta
He aquí tu desnudez temerosa
He aquí tu origen
Entra en la flor como una danza
Entra en la flor y permanece
Entra en la flor
Y arde
(Del poema-río Vide Cor Tuum. Perro de Ambiente Editor, 2017).
Juan de la Fuente Umetsu (Perú, 1963)
Poeta, escritor y periodista especializado en comunicación corporativa. Estudió Derecho y Ciencias Políticas en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, donde siguió además la carrera de Literatura.
Con estudios de postgrado en estrategia de la comunicación corporativa, comunicación digital y reputación online, tiene más de veinte años de experiencia en periodismo y doce en comunicación corporativa integral (on/off line).
Ha sido reconocido en el Concurso de la Municipalidad de Lima (1981), el Concurso Manuel González Prada (1985) y el Concurso El Poeta Joven del Perú (1985). También ha merecido distinción en las versiones del Premio Copé de Poesía 1990 y 2007.
Autor de los libros de poesía Declaración de Ausencia (ASALTOALCIELO, Editores,1999), Las barcas que se despiden del sol (Tranvías Editores, 2008), La belleza no es un lugar (Carpe Diem, Editora, 2010), Puentes para atravesar la noche (Paracaídas Editores, 2016) y Vide Cor Tuum (Perro de Ambiente Editor, 2017).
Coeditó La Revista Cultural del diario El Peruano, publicación de aparición diaria realizada tras el relanzamiento de dicho medio a comienzos de la década de los noventa.
Se desempeñó como editor de la revista cultural Fin de Siglo, además de trabajar como periodista en diversos medios de comunicación escrita. Ha sido colaborador del diario El Comercio, decano de la prensa peruana.
Su obra figura en diversas antologías y publicaciones nacionales e internacionales, como Poesía Peruana siglo XX de Ricardo González Vigil (2000), Aguas móviles de Paul Guillén (2016), Memoria del Tercer Festival Internacional de Poesía de Lima (2016) y Fugitivo y eterno (antología del IV Festival Internacional de Poesía de Madrid 2018), publicada por la editorial Verbum. Además, su trabajo literario ha formado parte de la muestra de escritores peruanos Nikkei, organizada por la Asociación Peruano Japonesa (2016).

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